
Belleza
Tips y secretos para sorprender a quien más quieras.
Regalar un perfume en San Valentín puede ser un acierto total… o un riesgo. Porque no se trata solo de que “huela rico”: una fragancia también expresa personalidad, estilo y hasta la manera de vincularse.
Elegir un perfume es marcar una personalidad. Por eso, el ojo debe estar puesto o en la persona (gustos, actividades, impronta) o en lo que buscás al olerla.
Antes de elegir al azar, hay algunas claves simples que ayudan a encontrar el aroma perfecto para sorprender (y emocionar).
El primer paso es dejar de lado el gusto propio y enfocarse en la otra persona. ¿Es romántica o más relajada? ¿Le gustan los aromas suaves o prefiere perfumes intensos? ¿Es clásica, moderna, sensual, fresca? Un perfume ideal no “se impone”: acompaña la identidad.
Las familias olfativas son una guía fácil para elegir con intención:
• Florales: románticos, delicados, femeninos.
• Amaderados: elegantes, sofisticados, con presencia.
• Orientales: intensos, sensuales, envolventes.
• Cítricos: frescos, livianos, energéticos.
• Gourmand: dulces, cálidos, reconfortantes.

No es lo mismo una relación que recién empieza que un amor de años. En vínculos nuevos suelen funcionar fragancias más sutiles, “de piel”, fáciles de llevar. En historias largas, se puede apostar por algo con más carácter, porque el perfume se vuelve un detalle íntimo, personal.
Si el regalo está pensado para una cena o una noche especial, los aromas más envolventes (orientales, ambarados o amaderados) suelen ser grandes aliados. Para un plan diurno, en cambio, funcionan mejor las fragancias frescas, limpias y luminosas.
Una fragancia no es solo un objeto: es una memoria. El perfume correcto queda asociada a ese momento y vuelve cada vez que se usa. Por eso, cuando el perfume está bien elegido, se transforma en un regalo emocional: un “te pensé” que dura en el tiempo.
Fuente: Nina Lamaison. Especialista en fragancias. Creadora de perfumes que conectan aromas, emociones y recuerdos.