
Bienestar
Los especialistas destacan la importancia de realizar estudios preventivos para detectar enfermedades cardiovasculares.
El ejercicio regular reduce el riesgo de enfermedades crónicas, mejora la salud mental y contribuye a una mejor expectativa de vida.
Sin embargo, hay un paso clave que muchas personas omiten antes de iniciar o intensificar una rutina de entrenamiento: la consulta y la evaluación médica previa.
Dicha evaluación —comúnmente conocida como apto médico— no es exclusiva del deporte de alto rendimiento. Se trata de una herramienta de prevención que debería incorporarse como práctica habitual para cualquier persona que comience o modifique su actividad física, independientemente de su nivel de rendimiento o condición aparente.
“Muchas veces no hay señales claras. Personas aparentemente sanas pueden tener una condición cardíaca no diagnosticada, y el ejercicio puede ser el primer momento en que se manifiesta”, señala Pablo Ottonello, médico cardiólogo y Scientific Advisor Cardiovascular de Bristol Myers Squibb Argentina.
La evaluación cardiovascular previa representa una oportunidad concreta de detección temprana. Según cada caso, puede incluir:
● Historia clínica completa y antecedentes familiares.
● Electrocardiograma.
● Ecocardiograma, con maniobras específicas como Valsalva.
● Prueba de esfuerzo.
● Resonancia magnética o tomografía cardíaca.
● Estudios genéticos en casos con sospecha de enfermedad hereditaria.
Este abordaje integral permite identificar factores de riesgo y condiciones que, de otro modo, podrían permanecer completamente inadvertidas.

Persiste un concepto erróneo: que detectar una enfermedad cardíaca implica abandonar la actividad física.
“La detección de una enfermedad cardíaca puede hacer creer que no podremos realizar más actividad física, pero no es así en gran parte de los casos. De hecho, está demostrado científicamente que realizar ejercicio en forma saludable y adaptada a la medida del cuadro de cada paciente puede impactar positivamente en su salud cardiovascular”, sostiene Ottonello.
El objetivo del chequeo previo no es limitar el movimiento, sino hacerlo más seguro y adecuado a cada persona.
Promover la actividad física sigue siendo fundamental, pero hacerlo con información y evaluación médica previa puede marcar la diferencia entre entrenar con seguridad o enfrentarse a un evento inesperado.