
Skincare
Según los especialistas, el estilo de vida impacta en el envejecimiento cutáneo más que la genética. Conocé los últimos avances en esta disciplina y los nuevos tratamientos cosméticos que acompañan.
La epigenética revela que más del 80% del envejecimiento de la piel depende del estilo de vida. Esta disciplina estudia cómo se regula la expresión de los genes sin alterar la secuencia del ADN. Y así como el genoma es la partitura y el epigenoma es la interpretación. Factores como el sol, la alimentación, el sueño y el estrés forman el exposoma que activa el envejecimiento cutáneo.
Estos “interruptores” que activan o silencian un gen (en este caso, el del envejecimiento) responden a estímulos ambientales, "por lo tanto la apariencia de la piel resulta de una interacción entre genética y exposoma", dice el Dr. Pablo Riccardi, presidente de Fimon (Asociación Civil Argentina de Medicina Orthomolecular y Nutrigenómica) y vocero de mesoestetic®.
Para el especialista, la epigenética "cambia la mirada sobre el envejecimiento de la piel y que más del 80% del proceso no se debe a la genética sino a factores externos, hábitos y emociones, lo que abre la puerta a intervenciones preventivas y terapéuticas basadas en el estilo de vida".
El concepto de exposoma agrupa la exposición solar, la contaminación, la luz azul, la dieta, el sueño, el ejercicio y el estrés como factores que activan marcadores epigenéticos vinculados al fotoenvejecimiento, la flacidez y la pérdida de luminosidad. La radiación ultravioleta emerge como un activador potente y cotidiano. "Usar protector solar diario aparece como un gesto epigenético clave para proteger la piel", explica el Dr. Riccardi.
Además de la protección, la alimentación y el descanso influyen en la capacidad de la piel para reparar el ADN y mantener la barrera cutánea. Alimentos ricos en antioxidantes favorecen la expresión de genes defensores del daño oxidativo, mientras que dietas altas en carbohidratos y grasas de mala calidad aceleran procesos de deterioro. Un buen sueño respeta el ritmo circadiano y optimiza la reparación celular.
La radiación UV genera estrés oxidativo que altera la metilación del ADN y modifica la actividad de enzimas epigenéticas. En consecuencia, genes implicados en la producción de colágeno y elastina se silencian, y la piel pierde firmeza y elasticidad. La polución y la luz azul actúan de modo similar al causar daño por radicales libres y modificar señales epigenéticas
El ejercicio, en cambio, mejora la oxigenación y activa genes relacionados con la regeneración celular. La actividad física regular favorece la síntesis de factores reparadores y contribuye a mantener la piel más tersa y con mejor tono. Por su parte, el estrés crónico imprime marcas en el epigenoma que aceleran la edad biológica a nivel celular.

En la práctica, esto significa que intervenciones cotidianas pueden revertir o minimizar señales de envejecimiento. Protecciones solares, cambios en la dieta, higiene del sueño y manejo del estrés constituyen medidas que actúan como “controles” sobre los interruptores genéticos. De este modo, la piel deja de ser una consecuencia inevitable del ADN y pasa a ser un órgano cuya marcha se puede modular.
Un gesto cotidiano resume este cambio de paradigma: aplicarse protector solar cada mañana no solo evita quemaduras sino que funciona como una intervención epigenética preventiva. Ese hábito, tan simple y repetible, influye en la expresión de genes que protegen y reparan el tejido cutáneo, por tanto se revela como una acción de alto impacto en la salud epidermal.
La investigación impulsó una nueva generación de cosméticos, la llamada epicosmética, formulada para interactuar con rutas moleculares y modular la expresión génica. Estos productos incorporan ingredientes activos que actúan como estímulos externos para activar los “genes de la juventud” y promover la producción endógena de colágeno y elastina.
Entre los activos con acción epigenética se destacan el ácido shikímico, que protege frente a la senescencia celular inducida por UV activando SIRT1; el ácido maslínico, que potencia la expresión de genes vinculados con hidratación y firmeza; y la dihidromiricetina (DHM), un flavonoide que inhibe DNMT1 y puede reactivar genes silenciados implicados en reparación celular. También actúan retinoides, retinal, péptidos biomiméticos, resveratrol, curcumina y niacinamida.
Estas sustancias no se limitan a aportar componentes estructurales, sino que buscan modificar la actividad génica para que la propia piel retome la producción de sus elementos de soporte. Así, la cosmética deja de ser un parche externo y pasa a ser una herramienta para influir en procesos biológicos fundamentales.
Las fórmulas avanzadas combinan retinoides con complejos epigenéticos para potenciar la renovación celular y la síntesis de colágeno. Este enfoque integra tratamientos tópicos con protocolos estéticos y hábitos de vida, buscando resultados medibles a nivel molecular.
La epigenética permite una medicina de precisión en dermatología. Los relojes epigenéticos miden la edad biológica analizando la metilación del ADN, lo que posibilita diagnosticar qué factores del estilo de vida inciden más en el envejecimiento de cada persona. Con esos datos, se diseñan protocolos únicos que combinan cosméticos, procedimientos estéticos y cambios conductuales.

La personalización facilita medir la eficacia real de una intervención. Al comparar marcadores epigenéticos antes y después de un tratamiento, se puede comprobar si la estrategia logró frenar o revertir señales de envejecimiento a nivel molecular. De esta manera, la práctica clínica gana objetividad y permite ajustar protocolos según la respuesta individual.
En la máquina terapéutica, esto implica que el diagnóstico precede a la receta. Identificar los factores dominantes del exposoma en cada piel orienta la elección de ingredientes y procedimientos. Además, ofrece una vía para evaluar resultados más allá de la apariencia y con indicadores biológicos
"En suma, la epigenética propone una revolución en el cuidado cutáneo al desplazar el foco desde una genética inmutable hacia un modelo activo de control mediante hábitos y productos específicos", asegura el Dr. Pablo Riccard.
Así, el vínculo entre ciencia y rutina diaria aparece como un cambio cultural: pequeñas prácticas repetidas, como protección solar, dieta antioxidante, sueño reparador y ejercicio, pasan a ser estrategias epigenéticas con impacto real en la piel.