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Antes de hacer ejercicio solemos pensar en calentar los músculos, pero rara vez pensamos en la piel. Sin embargo, en el gimnasio también está sujeta a los efectos de la transpiración, la fricción y las bacterias. Un dermatólogo te explica cómo protegerla.
Entre los objetivos que suelen aparecer con el nuevo año, ir al gimnasio es uno de los más frecuentes. Así que nos ponemos las zapatillas, nos atamos el pelo, preparamos nuestra mejor playlist y allá vamos. Pero ¿qué pasa con la piel?
En el gimnasio, la piel está expuesta una y otra vez al calor, el sudor, la fricción y las bacterias. El resultado: pueden aparecer granos, enrojecimiento y sensaciones de incomodidad inmediatamente después del ejercicio.
Sin embargo, basta con unos pocos gestos específicos antes del entrenamiento para limitar los daños. Preparar la piel es permitir que se mantenga limpia, sana y radiante, incluso después de un entrenamiento intenso.
Hacer deporte es beneficioso para la piel, siempre y cuando se respeten ciertas reglas. «El ejercicio mejora la circulación sanguínea y puede mejorar la salud de la piel, dándole luminosidad», recuerda el Dr. Magnus Lynch, médico dermatólogo.
Sin embargo, hay que matizar estas afirmaciones: «Los riesgos también incluyen brotes de acné, especialmente debido a la presión ejercida por la ropa ajustada o el contacto con los aparatos deportivos». El sudor, mezclado con bacterias y residuos de productos de cuidado o maquillaje, puede obstruir los poros y favorecer la inflamación.
Por lo tanto, antes del ejercicio, es necesario proteger la piel sin asfixiarla. El uso de productos demasiado ricos u oclusivos impide que el sudor se expulse correctamente, lo que acentúa las imperfecciones. Preparar la piel consiste, ante todo, en permitirle respirar mientras se mantiene su barrera protectora.

¿La regla de oro? Tener una rutina minimalista. «Es preferible evitar el maquillaje o los ingredientes activos antes de una sesión de deporte», precisa el profesional. Es mejor apostar por una piel limpia e hidratada, con un tratamiento ligero y no comedogénico, es decir, que no bloquee los poros.
Una crema hidratante fluida es suficiente para proteger la barrera cutánea sin obstruirla. Y si el entrenamiento se realiza al aire libre, es imprescindible utilizar un protector solar ligero.
¿El objetivo? Reducir el riesgo de imperfecciones y recuperar una piel sana después de cada entrenamiento, lista para recibir un tratamiento más completo.