
Cuidado
Más método, menos “caos beauty”. Una hoja de ruta que combina ciencia, prevención y criterio contemporáneo para cuidar la piel de manera responsable, por nosotras y por el medioambiente.
Durante años aprendimos de memoria cómo estaba compuesta la pirámide nutricional: base amplia, consumo diario; punta pequeña, consumo ocasional. Hoy, esa lógica se traslada a la piel. La nueva pirámide del skincare propone algo tan simple como revolucionario: ordenar los cuidados según frecuencia y constancia. Y hacerlo, además, con una mirada consciente, donde la cosmética natural y sustentable gana cada vez más espacio.
“La pirámide de cuidado está pensada como una herramienta visual para darle orden, cronología y constancia al cuidado del cutis”, explica Julieta Geuna, técnica en Cosmetología Facial y Corporal universitaria de la UBA, dermatocosmiatra, docente y consultora de Veganis. “En la base se ubican los gestos diarios, y en la punta, lo que realizamos con menor frecuencia, como la visita anual al dermatólogo”, añade.
La piel no entiende de atajos: necesita ritual, repetición y compromiso. Porque la constancia, también en belleza, es la verdadera estrategia.

Base sólida
En el primer nivel -el más amplio y decisivo- se ubican los básicos: limpieza, hidratación y protección solar. “Los cuidados diarios son fundamentales para mantener el equilibrio y la función de barrera de la piel; son los que sientan la estructura”, remarca Geuna. Sin esa base sólida, cualquier activo estrella pierde potencia.
Por su parte, Karla Vasconcel, cosmiatra y capacitadora de Lidherma, coincide: “Si no sabemos por dónde empezar, debemos comenzar por el ABC del skincare: higiene, hidratación y protector solar durante el día. Por la noche, volver a higienizar e hidratar”. Una vez establecida la rutina, se pueden sumar antioxidantes por la mañana y activos renovadores por la noche.
La rutina podría completarse con vitamina C para iluminar y estimular colágeno, ácido hialurónico para hidratar a nivel de distintas capas, niacinamida para equilibrar y mejorar textura y retinol o AHA’s para renovar. Más que texturas -sérum, crema o lociones-, lo importante son los activos y su correcta indicación.

¿Desde cuándo? No existe una edad específica para comenzar; el cuidado es para toda la vida. Lo que cambia es el tipo de producto y los activos. Desde la juventud temprana, higiene e hidratación; desde los 25, antioxidantes; más adelante, renovadores siempre con criterio profesional.
Constancia diaria
Un escalón más arriba aparecen los cuidados semanales: exfoliaciones y mascarillas. Y luego, la cita mensual con la cosmetóloga o cosmiatra. “Estas sesiones permiten realizar limpiezas profundas, extracciones, exfoliaciones un poco más intensas y aportar nutrientes específicos”, detalla Vasconcel.
Cada tres o cuatro meses, además, conviene revisar la rutina, porque la piel cambia con las estaciones, el clima, la edad, el estrés. Lo que funcionaba en verano puede no ser ideal en invierno. La constancia, más que la acumulación, es lo que transforma.
Prevenir, el nuevo antiage
En la cima de la pirámide, sí, se ubica el control dermatológico anual. “Tan importante como los chequeos médicos generales, el control dermatológico debe formar parte del cuidado integral de la salud”, enfatiza la doctora Cristina Sciales, cirujana. Controlar lunares, detectar lesiones de manera temprana y prevenir patologías graves no es opcional: es parte del concepto de belleza actual. Porque si algo deja en claro esta pirámide es que la estética y la salud ya no van por caminos separados.
Equilibrio integral
La inflamación silenciosa es uno de los grandes aceleradores del envejecimiento cutáneo. Según subraya Sciales, “dormir bien, regular el estrés y sostener hábitos saludables no es un consejo de bienestar, es una estrategia dermatológica”. Por eso, las nuevas rutina de skincare incluye descanso reparador, alimentación equilibrada, actividad física moderada, protección solar diaria y controles médicos periódicos. La piel expresa lo que vivimos. Y prevenir no es solo aplicar activos de última generación, sino sostener el equilibrio biológico.
Finalmente, ¿menos es más?
La respuesta no es absoluta. “Lo más importante no es la cantidad de productos, sino la correcta elección”, resume Julieta Geuna. Para algunas pieles, una rutina simple y bien indicada es suficiente. En otros casos, pueden necesitarse más activos.
En lo que sí coinciden las especialistas es en que la incorporación debe ser gradual, especialmente con retinoles o ácidos. La piel necesita tiempo para adaptarse. La doctora Sciales añade que “el foco se desplaza hacia el respeto de las barreras biológicas: cuidar la barrera cutánea y preservar el microbioma intestinal, entendiendo que piel e intestino están profundamente conectados. Se abandonan los tratamientos exfoliantes agresivos y las intervenciones que comprometen la integridad cutánea. El objetivo es fortalecer, no agredir”.
Así, una piel sana se ve luminosa, flexible y confortable. No arde, no tira, no reacciona. Cuando eso sucede, estamos frente a una rutina bien armada.
Base fuerte, constancia diaria y conciencia: así, la nueva pirámide del cuidado de la piel no propone acumular cosméticos, sino ordenar prioridades. Y entender que hoy la belleza es salud, ética y bienestar

VERDE IMPARABLE
Existe una tendencia global y local hacia el consumo de productos naturales, veganos y etiquetados como “limpios”. ¿Por qué? Mayor conciencia sobre lo que aplicamos en la piel, preocupación por el bienestar animal y por la sustentabilidad ambiental, y una comunidad beauty híper informada que lee etiquetas y compara fórmulas.
La ciencia se pone al servicio de la piel y también del medioambiente. Según explica Sciales, “activos como polinucleótidos, fermentos, péptidos avanzados y antioxidantes de nueva generación, muchos de origen natural, se incorporan en fórmulas cada vez más eficaces y respetuosas. Tecnologías como los exosomas mejoran la penetración y la biodisponibilidad y permiten excluir, progresivamente, ingredientes que dejan trazas ambientales, como ciertas siliconas o conservantes de alto impacto”.
En la Argentina, el interés por fórmulas cruelty free y de origen vegetal crece año tras año. Sin embargo, como aclaran las especialistas, es importante entender que para ser aprobados por organismos regulatorios los productos deben incluir conservantes seguros que garanticen estabilidad y eficacia.
La clave no son los extremos ni el fanatismo, sino elegir fórmulas seguras, efectivas y alineadas con nuestros valores.
REISHI PODEROSO
El hongo reishi es un adaptógeno milenario que se convirtió en uno de los ingredientes estrella en líneas veganas locales. Rico en betaglucanos, aporta propiedades antioxidantes, fortalece la barrera cutánea y ayuda a mantener la elasticidad y luminosidad.
En fórmulas ligeras como brumas, sérums o cremas ultralivianas, se adapta especialmente bien a climas cálidos y rutinas minimalistas. Tradición ancestral con mirada contemporánea.
NEUROCOSMÉTICA: CUTIS CON SENTIMIENTO
La piel es el órgano más extenso y también uno de los más sensoriales del cuerpo. Reacciona al tacto, a la temperatura y también al estrés. Es así que cada vez más estudios hablan de neurocosmética, la conexión bidireccional que existe entre las emociones y la piel.
Desde ciertas filosofías de bienestar se habla de “piel emocional”: la idea de que nuestra salud emocional impacta directamente en la calidad cutánea. “Ritualizar la rutina -respirar profundo un minuto, aplicar el producto con intención- puede convertirse en una pausa consciente en medio del día”, explica Ibana Almada Vera, fundadora de Helena, línea de cosmética orgánica. En verdad, la belleza real ya no es solo textura perfecta, es sentirte cómoda en tu propia piel.
Por: Carina Etchegaray