Josefina Licitra: “Empecé a escribir crónicas cotidianas desde muy chica”

Josefina Licitra: “Empecé a escribir crónicas cotidianas desde muy chica”

Entrevista

La periodista, guionista y escritora argentina reconstruye en este libro las fracturas de su historia familiar y el desafío personal que atravesó para poder escribirlo.

06/11/2025 13:53

¿Cuál fue el clic emocional para publicar Crac?

Los principales tal vez sean dos. El primero es la certeza de ver que mi padre lentamente me dejaba de hablar y que yo no encontraba una explicación para eso. Esa incógnita funcionó como puntapié para empezar a escribir sobre la distancia que hay entre mi padre y yo. Y luego se dio otro clic cuando, luego de que yo publicara una crónica breve hablando de este tema, mi padre me prohibió escribir sobre él. Esa sanción arrasó con mi escritura en general: no pude volver a escribir sobre nada.

¿Cómo se enfrenta una hija a la tarea de narrar lo que su padre calla?

El mayor desafío de narrar lo que se calla es, justamente, identificar qué es lo que se está callando. Al ser algo silenciado, “eso que se calla” no tiene forma, ni palabra, ni sentido. Después, narrarlo es un procedimiento que sucede en consecuencia del primer movimiento, que es mucho más difícil e inasible y que es el de entender de qué está hecho el silencio que uno quiere explorar. Esa tarea puede tener más letra chica cuando la persona que produce el silencio es una figura de autoridad como un padre.

¿Qué fue lo más difícil: narrar la fractura familiar o aceptar sus consecuencias?

Creo que son dos instancias que, si bien tienen un orden cronológico, van de un modo indivisible. Narrar la fractura familiar incluía el hecho de saber que después yo iba a tener que hacer frente a las consecuencias. La escritura del libro no es inocente: supe, al escribirlo, que podía traer consecuencias. Pero como en rigor las peores consecuencias ya las estoy viviendo, y tienen que ver con el silencio paterno, yo no tenía demasiado que perder. Entonces fue más difícil narrar que sentarme a esperar el vuelto.

Cortesía Editorial Planeta
Cortesía Editorial Planeta

¿Tu historia con tu padre fue también el punto de partida de tu historia con la escritura?

En cierto modo, sí. Mi padre se exilió cuando yo tenía 3 años, y ni bien aprendí a garabatear algún papel empezó a haber una demanda familiar en relación a que me comunicara con él por escrito. Entonces empecé a escribir crónicas cotidianas desde muy chica, para tener a mi padre al tanto de cómo eran mis días. Él, además, me suplicaba que le escribiera sobre lo que yo quisiera. Creo que ese pedido, que en un punto lo pude haber vivido como una obligación, sumado a que al tener a mi madre y mi padre en continentes separados yo siempre dialogaba con uno de los dos por escrito, generaron materia suficiente como para pensar en una relación bastante estrecha entre esa infancia y esta escritura.

Tu madre eligió quedarse cuando tu padre y otros partieron. ¿Qué peso tuvo esa decisión en tu vida?

Las decisiones que toman por uno en la infancia van perdiendo su poder de incidencia conforme pasan los años. Hoy no se me ocurre pensar que esos movimientos orbiten en el tipo de vida que tengo de una manera especial. Por supuesto que cualquier acción que suceda temprano en la vida tuerce el vértice de una manera más fundamental, pero creo que los factores que hacen que mi vida sea tal como es están mucho más vinculados a mis decisiones que a las de mi madre o mi padre.

¿Qué aprendiste de ella al reconstruir esta historia?

No sé si aprendí algo. Lo que sí pude hacer fue ver a mi madre con ojos desde un punto de vista que supera, en edad, a la mujer que fue cuando me criaba. Tengo 50, mi madre me tuvo a los 20 y me crio sola desde los 23 años. Ver, desde mi edad actual, la garra, el empuje, la valentía, la energía, el agotamiento, la imperfección, la lucha, el fastidio, la locura, la desazón y el temor a la frustración por los que pasó mi madre, que además era una mujer separada con una niña a cargo, que además tenía miedo, que además tenía trabajos mal pagos porque no podía tomar otros en tiempos de posdictadura, en fin: ver todo eso no es decodificable en términos de aprendizaje. Lo que más siento es admiración y compasión.

Si tuvieras que definir a tu madre en una sola frase, ¿cuál sería?

Mi madre es una mujer valiente, no tanto en el sentido de salir a ponerle el pecho a las balas, sino en el de asumir el riesgo y la aventura cotidianos sin necesidad de hacer show. Es eso, y es íntegra.

Si el “crac” es la fractura, ¿también puede ser la oportunidad de volver a armar algo nuevo?

Claro que sí. La onomatopeya “crac” no solo alude a un vínculo que se rompe y a un hueso que se rompe, sino también a un estado de cosas que encuentra un final y que habilita también un nuevo comienzo