
Entrevista
Autora de Todas las exigencias del mundo, lafilósofa de 36 años explora los mandatos y propone frenar para repensarnos. Un libro que funciona como un bálsamo y sale al rescate de la esencia humana.
Ser nuestra mejor versión: comer sano, hacer deporte, meditar, trabajar en lo que nos gusta, vernos saludables, estar informadas, tener pareja, ser una madre dedicada, ganar un buen sueldo... la lista sigue hasta el infinito y las redes nos recuerdan 24/7 el objetivo: ser exitosos (y mostrarlo al mundo, claro).
En tiempos en los que ciertos valores parecen tambalear, Sichel pisa el freno y nos invita a parar. En pleno reinado del individualismo, propone trabajar en los vínculos y habitar todas las emociones, incluso (y a pesar de la exigencia de vernos siempre bien) las que duelen.
“No me interesa ponerme en el lugar de la filósofa que analiza al mundo sino también la que lo padece (y disfruta, las dos cosas). Si hablo de exigencias es porque las padezco”, confiesa.
Cuando todo parece abrumarnos, sobre todo la “obligación” de ser felices, ella nos muestra la puerta de salida: reivindica el poder de rendirnos en comunidad, para construir nociones de adultez más amorosas en estos tiempos y que involucren a otros tejiendo redes.
¿QUÉ TE DICEN TRAS LEER TU LIBRO?
La palabra es alivio. Esa presión que sienten los que lo leen es la que yo sentía cuando empecé a escribir embarazada de mi segunda hija. Con una vida adulta, pero a la vez intuyendo que nunca terminaba de sentirme todo lo adulta que se suponía que tenía que ser. Al final del día tenía esa sensación de que nunca es suficiente. Me considero privilegiada.

¿DE QUÉ NOS SIRVE LA FILOSOFÍA?
La filosofía viene a poner una pausa en un mundo en que no la hay. Interrumpe nuestro trajín para preguntarse cosas. Es una práctica que tengo incorporada; no dar por sentadas las cosas todo el tiempo. Por qué hago tal cosa y no otra. Muchas veces me trae angustia, que la reivindico, porque es posibilitadora de transformaciones.
REIVINDICARLA, ¿SIGNIFICA ATRAVESARLA?
Yo también quiero ser feliz. Lo que cuestiono son los relatos de tener la felicidad solo asociada con una actitud positiva. A veces es hasta un gesto de desesperación y pensamiento mágico, que aunque yo me lo proponga, no me sale. Entonces es importante hablar de eso. No siempre lo que uno se propone se puede lograr; las cosas no ocurren por mera voluntad. No lo digo como conformista, al contrario; tiene que ver con entender que formamos parte de algo más grande, que somos humanos en una sociedad en donde hay otras lógicas. Convivimos con personas, nos pasan cosas, y la angustia tiene que ver con habilitar todo eso que nos ocurre. La angustia en filosofía no es ponerse a llorar. Es abrir la posibilidad de que pasen cosas, viene a manifestar movimientos que a veces son dolorosos pero necesarios, porque te llevan a que te conectes con tu deseo, a que te preguntes cosas; y gracias a eso, uno puede decir, por ejemplo: “Ok, quiero cambiar de trabajo” o “estoy padeciendo esta relación”. Pero si nunca te preguntás nada y solo le das para adelante convenciéndote con afirmaciones positivas, te perdés. No se trata tampoco de estar siempre angustiado preguntándose cosas.
¿QUÉ HERRAMIENTAS DEBERÍAMOS GESTIONAR?
Hay que equilibrar, balancear. El problema es fingir que el caos no existe.
¿Y LAS PREGUNTAS BÁSICAS QUE TENEMOS QUE HACERNOS?
La más grande que puede tener distintas respuestas a lo largo de la vida es ¿quiénes somos? No es lo mismo a los 20 años que a los 30 ni a los 70. La pregunta por la identidad te obliga a mirarte. Y otra importante es: cómo estoy y cómo está el otro, traerlo al escenario. Ahora abundan discursos de autoamor y está bueno trabajar el amor propio pero, a la vez, también es con otros. Uno vive en sociedad. Es un desafío en tiempos tan individualistas no perder de vista a quien tengo al lado; me refiero a un amigo, un familiar, un compañero.
¿Y LA CONEXIÓN CON EL DESEO AYUDA A SALIR DE LA ANGUSTIA?
Sí, claro. Pero hay que saber que el deseo siempre está en movimiento. En el libro hablo de Safo (una filósofa antigua). Ella habla del Eros (el deseo) como el dulce amargo. Son experiencias ambivalentes, una mezcla de emociones. Por ejemplo, la maternidad es alegría pero también miedo, angustia, y un montón de cosas más. Solo es posible habitar el deseo de esta forma caótica. Ir tras eso es mejor que ir tras las exigencias externas que no nos traerán felicidad genuina.
AL VIVIR EN SOCIEDAD TODO SE MEZCLA.
Exacto. Pareciera que hay deseos que garpan más que otros. Se mezclan con las exigencias.
¿QUÉ TANTO NOS AFECTAN ESTAS PRESIONES?
¡Un montón! Sobre todo a nuestra generación, que quedó a mitad de camino entre la actual y la anterior. Los centennials no se hacen estos cuestionamientos. Nosotros estamos queriendo cumplir con exigencias en donde valores como el éxito son una mochila amplificada por las redes sociales. Es una diferencia con nuestros padres y abuelos. Mi mamá, si tenía una duda en la crianza, le preguntaba al pediatra o a una amiga. Ahora tenés mil influencers que te dicen lo que hay que hacer. Hay una moralización de la opinión de lo que se te ocurra. Y no hay forma de que no te afecte un poco. Somos seres sociales; importa la mirada del otro.
SURGEN TEMAS COMO SANACIÓN, TRABAJAR EN UNO, REGENERACIÓN CELULAR, BIODECODIFICACIÓN...
Nuestra generación fue el nicho ideal para ese marketing. Queremos comprar respuestas y fórmulas a los problemas de la vida, que a veces no las tienen. Hay algo de esta habilitación de que cada uno puede tener su marca personal y canal de comunicación, que nos hizo que entráramos de lleno con poco sentido crítico. Yo estoy del lado de la ciencia, aunque obvio puedo tener una mirada crítica hacia ella. Todos queremos estar bien y a veces es fácil caer en lo que parecen soluciones mágicas.
LA HIPERCONECTIVIDAD NO AYUDA.
Estamos muy solos en este exceso de información y comunicación. La soledad que genera la hiperconectividad se profundizó post pandemia.
LOS JÓVENES HOY, ¿RELACIONAN EL ÉXITO CON EL DINERO Y LA FAMA?
Diría que hay una asociación del éxito con tener plata. Soy de la idea de que trabajando se consiguen cosas y eso es algo que me animo a decir que hoy murió. Porque los de 20 años ni siquiera ven el trabajo como algo tan bueno. La generación de cristal vio a sus padres de más de 50 años que se esforzaron y no pudieron lograrlo. Eso explica el desencanto del modelo tradicional. Digamos que no se llegó a ese sueño americano. El individualismo hoy es desconcertante; a mí me gusta la idea de que nos tenemos que pensar como comunidad. Es un poco como dice El Eternauta: nadie se salva solo.

EL INDIVIDUALISMO INVITA A TRABAJAR MÁS EN UNO Y NO TANTO EN LOS VÍNCULOS.
Exacto. Para mí no existe la posibilidad de pensar en una felicidad profunda sin justicia de comunidad. No lo digo en un sentido hippie, pero hay que registrar al otro. Hay valores que tambalean: igualdad, libertad con otros, que te afecte lo que le pasa al de al lado. Trabajo en educación y me interesa trabajar en la ciudadanía. Uno es ciudadano del mundo con reglas; entonces, es vital que trabajemos esos dispositivos de fortalecimiento.
¿ES IMPORTANTE TRABAJAR ESTO DESDE CHICOS?
Todavía hay una visión adultocéntrica de creer que somos los mayores los que tenemos que explicarles el mundo a los niños. Que es cierto en algunos aspectos pero en cuestiones existenciales, no. Ellos tienen preguntas e hipótesis propias. Cuando un chico hace una pregunta, no te la hace a vos, se la hace a él. Hay que mirar a los chicos como personas de derechos que son.
¿LAS PERSONAS OPTIMISTAS TIENEN MEJORES ARMAS PARA ENFRENTAR LOS PROBLEMAS?
Hay que poder diferenciar. Una cosa es una mirada optimista y otra una positividad tóxica: está bueno ser optimista. Yo tengo mucho humor y cuestiono cosas desde ese lugar. Pero hay algo de la singularidad de cada persona. Lo que para mí es fácil, para otro no lo es. Hay que armarse de un kit de herramientas. Como si fueran volúmenes que uno va poniendo en función propia. Es muy cruel pedirle a alguien, que yo no sé cuál es su realidad, que “le ponga onda”.
COMO CUANDO TE PIDEN QUE SALGAS DE TU ZONA DE CONFORT Y TE SENTÍS COBARDE SI NO LO HACÉS...
Tal cual. ¿Por qué tenés que estar obligado a sentir incomodidad? ¿Por qué siempre hay que ir por más detrás de la zanahoria? Tiene que ver con las nociones de éxito que se construyeron con frases hechas como: “Trabaja de lo que amas y no trabajarás ni un día de tu vida”. Y uno de golpe se encuentra con frases para romper modelos que son eslóganes vacíos. ¿Qué es salir de la zona de confort? A mí me gusta construir una zona de confort. Quizás a uno lo que le da paz y alegría es estar en esa zona.
DECÍS QUE EL VALOR MÁS BUSCADO HOY ES LA FELICIDAD. ¿ANTES ERA DIFERENTE?
Es desde siempre. Aristóteles hablaba del buen vivir solo que tenía otro sentido. Más político y social. Como que no solo depende de mí sino también de otros. Hablo con algunos chicos y me dicen que quieren dejar la facultad porque no les da felicidad, se aburren, y yo no sé si todo te tiene que dar felicidad. Igualarla al placer es una idea errada. Yo cuestiono la felicidad mainstream de esta época, que equipara felicidad a satisfacción plena, a optimismo tóxico. No tenemos que estar todo el tiempo felices ni todo lo que hagamos nos tiene que dar solo alegría. Eso creo en lo personal. Epicúreo decía que para tener felicidad a largo plazo hay que pasar por algunos dolores (fumarte una carrera con materias densas por ejemplo); eso les cuesta a las nuevas generaciones sin tolerancia a la frustración y al aburrimiento. Todos odiábamos aburrirnos de chicos, pero pasar por ese momento era necesario para sacar a flote la creatividad. Como adultos nos cuesta esto; entonces, habilitamos el celular a los chicos para que no se aburran. No es el mismo placer ver una película, leer un libro o ir al teatro que scrolear durante cinco horas Tik Tok. Las redes te dejan en alerta. Cuando me preguntan qué hacer con las infancias pienso en qué hacer nosotros. Creo que tenemos que tomar distancia de esta problemática y experimentar una relación distinta con el tiempo libre. A veces está bueno no tener nada que hacer y mirar el techo.
¿CÓMO SALIMOS DE ESTO?
Reivindico el derecho a rendirnos (no ante la vida ¡eh!). Creo que hay que poder rendirse de esas exigencias tan fuertes y poder decir “hasta acá”. Hoy no pude con esto y sí con esto. Podré mañana con lo otro. Y construir nociones de adultez más amorosas que involucren a otros, tejer redes, porque no puedo con todo. Yo detesto cuando me dicen: “Te admiro por todo lo que hacés”, porque la realidad es que no puedo con todo. Intento trabajar esas contradicciones que nos humanizan. Y ante tanta moralidad y gurúes que nos dicen cómo tenemos que vivir, el deseo es una buena ruta, sabiendo lo que decía antes sobre el movimiento constante. Volver a uno, parar y que no te importe si te perdés de algo (¡el famoso FOMO!).
TAMBIÉN HABLÁS EN TU LIBRO DE LA TERNURA.
¡Sí! Es importante poder habitarla. Así como la happycracia habilita esta felicidad mainstream, para mí es fundamental habitar otras emociones que quedan tapadas por esto de tener que estar todo el día “pum para arriba”. Experimentar la fragilidad, la vulnerabilidad, la ternura. Relacionarnos con el otro desde ahí, recuperarla pero no desde la cursilería, sino desde una mirada amable con los demás. Esto lo tienen las infancias a flor de piel; hay que aprender de ellas.
¿HOY TENEMOS MÁS LIBERTAD PARA ELEGIR?
Somos una generación que vino a romper con muchos mandatos, tenemos más opciones que nunca y sin embargo no nos sentimos más libres. Eso en un punto fue lo que me llevó a escribir este libro. Hay una filósofa que me encanta, Salecl, que habla de "la tiranía de la elección". No se puede ser el mejor todo el tiempo en todos los ámbitos de la vida, más allá de lo que nos quieran hacer creer en redes.
¿CÓMO ES TU FUNCIÓN EN EL TEATRO?
La obra recorre con humor estas exigencias de amor Disney y conecta con otras emociones. La idea es atravesar ambivalencias. Todos estamos en la misma, pero no lo decimos. Las exigencias no se van a borrar pero tomar distancia hará que puedan producirse cambios.
TALLERES & TEATRO:
EXPERIENCIA EN ESCUELA ORSAI: Taller virtual de filosofía, preguntas para escribir. Cuatro clases de una hora: martes 3, 10, 17 y 31 de marzo a las 18.
FUNCIONES: Paseo La Plaza (Av. Corrientes 1660), los viernes. Entradas en Plateanet o @florsichel
ACERCA DE FLOR:
Docente, filósofa de la UBA y divulgadora. Autora del newsletter Hartas, este es su último libro. También escribió: ¿Y vos qué pensás? Un viaje filosófico por las ideas y El filo del amor.