Dolores Fonzi: “El cine es una forma poderosa de militancia”

Dolores Fonzi: “El cine es una forma poderosa de militancia”

Chica de tapa

Después del éxito de “Belén”, su segunda película como directora, charlamos con la actriz sobre el arte como aliado para reflejar las problemáticas denuestra sociedad, el contexto político actual, aquello que le genera esperanza, los recuerdos de sus ventipico y los desafíos de la maternidad.

15/11/2025 16:16

En el universo del cine nacional, Dolores Fonzi transita con una mirada singular, intensa y, a la vez, profundamente humana. Su carrera acompañó de manera coherente su crecimiento personal. A fines de la década del noventa, en la antesala de una gran crisis económica que dejaba el menemismo y con un pico de influencia de la cultura consumista, irrumpió en “Verano del '98” como Clara Vázquez.

Imagen angelical, lookeada con las modas del momento, hebillas extragrandes, tops, jardineros y overoles, aprovechó la masividad que garantizaba la tira de Cris Morena para luego explorar una búsqueda íntima con el cine de autor. En paralelo a la popularidad de la tevé abierta, actuó en films como “Plata quemada”, “Esperando al Mesías”, “El aura”, “Caja negra” “La cordillera” y “La patota”, donde conoció a su actual pareja, el director Santiago Mitre.

©Santiago Albanell
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Más allá del oficio, su vida es un reflejo de su compromiso social por diversas causas, como la defensa de los derechos humanos y la lucha feminista. Sin temor a incomodar, alza la voz cuando el silencio parece ser la constante y sus declaraciones personales se vuelven políticas, convirtiéndose en un resguardo para aquellos que buscan empatía y visibilización en un mundo cada vez más individual.

Ese puente ineludible que Dolores traza entre el arte y el activismo desembocó de manera concreta en su última película, “Belén” , basada en el libro “Somos Belén”, de Ana Correa. Estrenado en septiembre, su segundo gran proyecto como directora y protagonista, después de “Blondi” , puede verse por Prime Video.

Más allá de haber sido elegida por la Academia de las Ciencias y las Artes Cinematográficas como la película que representará a la Argentina en los próximos Premios Oscar y Goya, la historia repercutió no solo porque narra una injusticia, sino porque se inscribe como un recordatorio fílmico de que las conquistas sociales deben ser defendidas de manera colectiva. Y también demuestra que, como ella asegura, “el cine es una forma poderosa de militancia”.

©Santiago Albanell
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Junto actrices como Laura Paredes, Camila Pláate y Julieta Cardinali, Dolores se sumergió en un caso real que ella misma abrazó y que fue un precedente fundamental para la posterior legalización del aborto en el país. El film también demuestra cómo una acción individual puede generar un cambio radical. Soledad Deza, una abogada feminista (interpretada por Dolores), fue clave en la liberación de una joven tucumana injustamente condenada a ocho años de prisión tras sufrir un aborto espontáneo.

Deza evidenció las inconsistencias y los prejuicios machistas del sistema judicial, movilizando al colectivo feminista para generar presión social, y logró la anulación de la condena y su absolución. El caso se transformó en un ícono de la lucha por los derechos reproductivos y la justicia con perspectiva de género en Argentina.

¿Por qué, en tu segunda película como directora, decidiste contar la historia de Belén?

Mi interés nació en 2016, cuando milité para que Belén fuera liberada de la cárcel. Estaba en los Premios Platino, en Punta del Este, y durante la sesión de maquillaje hice un cartel que decía "Libertad para Belén", que terminé levantando cuando gané como "Mejor actriz".

La prensa internacional se preguntó quién era ella. Eso ayudó a visibilizar el caso. Leticia Cristi, quien terminó siendo la productora, también se interesó. Cuando compró los derechos del libro “Somos Belén”, yo ya había estrenado “Blondi”. Leticia me propuso dirigir, reescribir el guión para Prime Video y protagonizarla. Dije que sí porque era una historia que me tocaba personalmente. Mi activismo por la legalización del aborto venía desde hacía años.

“Belén” es una reivindicación de que la lucha feminista es clave...

Por supuesto. El feminismo se ocupa de igualar nuestras condiciones. Pero más allá de eso, este era un caso de injusticia que despertaba empatía en todo aquel que se conectara con la historia. Aunque muestra un prejuicio sobre el aborto en un hospital, lo principal es la gravedad de una chica que va presa sin pruebas.

El feminismo levanta el guante y lo milita. Y gracias a Soledad Deza, Belén fue liberada en cuatro meses, a pesar de su condena de ocho años. La trama intenta contar cómo, aún en contextos hostiles, existen personas que se involucran para cambiarle la vida a alguien. Eso puede pasarnos a cualquiera de nosotros.

©Santiago Albanell
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¿Creés que el cine puede modificar la percepción pública sobre temas como la justicia de género?

Pienso que la cultura en general, como el cine, la literatura o la música, son fundamentales para retratar nuestra realidad. Cualquier forma de arte que exponga algo que te haga sentir menos solo o que te dé esperanzas es crucial.

El cine refleja una necesidad o un deseo de la sociedad. Si bien no estoy interesada en dar un mensaje específico con mis películas, sí creo que el cine es una oportunidad para visibilizar lo que las sociedades necesitan. En mi rol de directora, disfruto de trabajar con actores y de comunicarme con la gente a través de mi trabajo.

¿Militar por causas como la legalización del aborto te hizo perder trabajos y relaciones?

Exponer una opinión sobre un tema que puede generar cambios siempre provoca molestias y discursos de odio en una parte de la sociedad. Sin embargo, yo tuve más trabajo y sentí mucho más respeto de mis pares y del público cuando puse mi imagen al servicio de mis responsabilidades como militante.

La autenticidad es imbatible. El artista que se expone con coherencia, que lleva lo que piensa a su arte, es mucho más interesante que una persona que se hace la distraída con los temas de actualidad. Y eso, al final, la gente lo valora y lo agradece.

©Santiago Albanell
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¿Cómo transitaste las diferencias de opinión con familiares o amigas que estaban en contra de la legalización del aborto?

Tuve que trabajar mucho la paciencia y la empatía en todo sentido. Si hay alguien que tiene una postura obtusa, se puede intentar tener una conversación amigable, pero depende de si la persona está dispuesta a escuchar. En un país tan dividido, la “grieta” es una manipulación del periodismo para separarnos. Yo no me peleo con la gente por eso.

Hay que elegir las luchas. Puedo hacer una película sobre el tema, pero no voy a evangelizar a quienes no tienen ganas de pensar. Un distanciamiento te puede ocurrir con alguien que cree que un político es un buen presidente o que está a favor de un genocidio.

¿Qué te genera el contexto político actual?

Estoy completamente en contra de este gobierno, pero tengo la esperanza de que, como todo pasa y los pueblos quedan, esto también pasará y nosotros nos vamos a quedar. Confío en que la justicia ejercerá su poder en algún momento. Hay cosas que nos superan como seres humanos, más allá de la vergüenza que uno pueda sentir por este gobierno.

Hay problemáticas actuales que me parecen graves y que si me piden ayuda, trato de darla. Me parece un horror el problema del hospital Garrahan, el desfinanciamiento de tod organismo que ayude a las personas, y la poca empatía que tiene el gobierno. Básicamente, estoy en contra de todo lo que está mal.

¿Con tu trayectoria internacional, ¿pensaste en irte del país en algún momento?

No. Creo que el mundo entero, cada país, está en una situación particular, con un círculo vicioso girando hacia la ultraderecha. Como dijo Harrison Ford, “la revolución moral es de los jóvenes”. Creo que es lo que va a terminar pasando.

Los viejos privilegiados debemos corrernos y permitir que la juventud, que entiende que la injusticia, la guerra y la desigualdad no deberían suceder, venga y haga lo que tenga que hacer. La juventud me genera esperanza. Tengo dos hijos adolescentes y confío en que las mentes nuevas piensan de manera diferente sobre las cosas feas que pasan en el mundo.

A nivel personal, ¿cómo describís este momento de tu vida?

La verdad, estoy contenta. Estoy viviendo mi humanidad en toda su magnitud. Estoy sensible, me emocionan los pequeños momentos cotidianos, pero también disfruto mucho porque soy más grande. Estoy en un lugar de privilegio por el que me siento agradecida.

Intento militar desde lo que sé hacer, que es actuar y filmar películas. Siento que soy una parte del entramado mundial y que, a través de mis acciones, puedo cambiar las cosas. Y estoy contenta con mis hijos, que están sanos y son personas buenas.

¿Te resulta desafiante la maternidad?

Sí. Es un trabajo y un sacrificio enorme, sobre todo, para las mujeres. El sistema apoya las paternidades ausentes y espera que las maternidades sean perfectas, lo cual es una carga mental, emotiva y física que no se visibiliza. La cultura del sacrificio está mal equiparada y todavía falta trabajar en eso. Además, creo la maternidad es un mandato social y que muchas mujeres no se dan cuenta si fueron madres por eso o por una decisión propia.

¿A vos te pesó mucho ese mandato?

Obviamente, como a todas. Yo no me hubiese permitido no tener hijos. Ni siquiera me lo cuestioné en su momento. La maternidad fue una realidad en mi vida.

Lo interesante de la época actual es que las más jóvenes sí pueden hacerse esa pregunta: “¿Quiero ser madre o no quiero?”. Yo no tuve esa posibilidad de cuestionármelo. Ahora, tengo la capacidad de hablar con mis hijos sobre las decisiones que pueden tomar en la vida, y eso es interesante.

¿Cómo te reconocés como mamá de adolescentes?

Estoy feliz con mis hijos. Por suerte, no estoy atravesando ninguna adolescencia complicada. Una vez que superan la primera infancia, la relación cambia y se vuelve más suave. Los niños me dan ternura y un poco de miedo por su inocencia, pero los adolescentes son personas con sentido del humor. Me divierto mucho con Lázaro y Libertad. Los incluyo en mis ideas y planes futuros, desde viajes y películas hasta recitales. Me gusta tenerlos cerca.

Empezaste en la actuación desde muy chica. ¿Cómo transitás el paso de tiempo como figura pública?

Nunca me molestó envejecer. Lo único que no quiero es morir. Por eso, trato de llevar una vida sana, cuidarme, hacer ejercicio y disfrutar. No tengo una conciencia tan concreta sobre el tiempo que pasa. Me siento la misma chica de antes, con las mismas convicciones, pero con más seguridad sobre mis elecciones y decisiones. Hay algo más adulto y maduro en mí, pero no me genera un conflicto.

¿Extrañás algo de los 20?

¡Cero! Absolutamente nada. Más allá de que el mundo por momentos sea un desastre, me siento feliz con lo construido. A los 20 era más insegura y no entendía nada. A medida que una adquiere experiencia, el amor, la comunicación y la vida en general se vuelven más placenteros.

Me divierto más que antes. No me siento vieja, a pesar de ser una “señora”, porque en mi mente sigo sintiéndome joven. Sigo conociendo gente, como Mercedes Morán, con quien estuve filmando una serie en Chile y ahora es una amiga nueva. El tiempo pasa, pero la vida no termina, y eso es lo más lindo.

Hace poco estuviste en el Festival de San Sebastián, ¿cómo te llevás con el lado más glam de tu profesión, como las alfombras rojas?

Me da una fiaca terrible. Todo el hecho de producrime lo veo como un trámite. Hoy en día prefiero resolver rápido el tema del look y elijo prendas que me queden cómodas.

Ser directora me da cierta impunidad, me relajo más a diferencia de la presión de las actrices que van a lucirse. Igual, creo que las alfombras rojas son una forma de celebrar los eventos artísticos como si fueran una fiesta. Mi única regla es ir cómoda para no querer irme temprano.

¿Cuánto influyó tu pareja, Santiago Mitre, en tu rol como directora?

Muchísimo. Él fue un gran potenciador. Me estimuló para dirigir “Blondi” desde el cariño y la confianza total. Fue productor de la película y me gusta trabajar con él. Me interesa su punto de vista y entender cómo percibe mis procesos.

©Santiago Albanell
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¿Cambió tu forma de concebir el amor en esta etapa de la vida?

Sí, un montón. Con el tiempo todo se va apaciguando y acomodando. La inseguridad que podía tener antes en mis relaciones ya no existe. Ahora todo es más divertido y menos complicado.

Las relaciones de pareja, de amistad, con mis hijos, con mis padres y conmigo misma mejoraron con el tiempo, porque hice el trabajo de conocerme y aceptarme. Con Santiago estamos tranquilos y nos gusta pasarla bien. Y en eso radica nuestra felicidad.

Como directora, ¿cuál es la próxima historia que fantaseás contar?

Todavía no la tengo definida. Pienso en tramas que me puedan movilizar o me hagan mella. Sea lo que que termine contando, intentaré darle mi toque personal, que es lo que me interesa.