Julia Garner: "Mi vida entre payasos, ironías y el vestido perfecto"

Julia Garner: "Mi vida entre payasos, ironías y el vestido perfecto"

Entrevista

La estrella de Hollywood repasa sus comienzos en la actuación, su pasión por la moda, sus secretos de belleza y sus proyectos más recientes.

18/07/2025 12:13
  • Redacción Elle

Entrevista: SILVIA LOCATELLI Fotos ADRIANO RUSSO Estilismo IVANA SPERNICELL

En su metro sesenta y cinco, Julia Garner evoca un glamour de otros tiempos. Una rubia misteriosa que, hace algunas décadas, habría sido una de las obsesiones del señor Alfred Hitchcock, como Grace, Tippi, Kim... Se convirtió en una estrella internacional gracias a la interpretación de una chica oscura, muy poco de ser sofisticada, como fue su personaje de Ruth Langmore, en Ozark. Con sus típicas frases: “No sé de qué carajo me hablás”, que se convirtieron en memes virales, habría hecho estremecer a las actrices de Hollywood de los años cincuenta. Inteligente y despiadada, una superviviente, Ruth es uno de los retratos femeninos más fascinantes de este siglo, que le ha hecho ganar a Julia Garner, nacida en Riverdale, en el Bronx, tres premios Emmy y un Globo de Oro.

La neoyorquina de 31 años, tiene una inclinación por las mentes criminales, pero no se quedó en ese papel. También coqueteó con el cine indie (The Assistant y The Royal Hotel de Kitty Green, sobre abusos y acosos), el horror (después de Wolf Man, en agosto estrenará Weapons con Josh Brolin) y los superhéroes (Los 4 Fantásticos - Los inicios, en cartel en julio). Julia es una inspiración en las alfombras rojas, donde luce looks audaces con elegancia natural, que realzan sus rizos dorados y su piel de porcelana. A menudo están iluminados por una sonrisa cálida y radiante, siempre que el ángulo derecho de la boca no se arquee ligeramente: entonces, la sonrisa se vuelve enigmática.

Confiesa que “sintió” la moda desde niña. “Siempre supe con claridad lo que me gustaba”, dice. Para Gucci interpretó, en una nueva campaña, el regreso del pañuelo como accesorio —casualmente— muy amado por las estrellas de los años cincuenta y sesenta.

¿Qué aprendiste después de tantas alfombras rojas?

Que si no te sentís cómoda, debés cambiarte de vestido de inmediato.

¿Tus reglas?

Siempre trato de ser auténtica, no quiero que el vestido me lleve puesta. Últimamente, tengo la sensación de que algunos looks que veo no son personales. Por eso adoro trabajar con mi estilista Elizabeth Saltzman, tenemos gustos similares y la misma “filosofía”. La regla número uno es: “buscá realzar los vestidos sin hacer que la persona desaparezca por dentro”.

¿Cuáles son las pequeñas cosas que te hacen feliz?

Pasar tiempo con las personas que amo: mi familia, mi perro. Trabajar con gente que me gusta y que me hace reír.

¿Y aquello que te irrita?

Por ejemplo, cuando invito gente a cenar, digamos a las 7 de la tarde, y a las 7 en punto me tocan el timbre. Dénme al menos quince minutos, nunca puedo estar lista exactamente a las 7, siempre se necesitan 15 minutos de cortesía para los anfitriones, ¿no? Es una tontería, pero me molesta un poquito.

Siempre vas a ser un poco Ruth de Ozark, “The Gangsta”, como te llamaba tu superfan LeBron James. ¿Todavía la extrañás?

Fue un capítulo importante de mi vida, algunos roles te cambian. Gracias a Ruth, crecí muchísimo. Creo que siempre hay algunos rasgos de un personaje escondidos en algún lugar dentro tuyo...

Tus personajes, a menudo, hablan poco y se expresan mucho a través del lenguaje corporal...

Escuchar es fundamental. Mis actores favoritos son grandes oyentes y, cuando lo hacés realmente, tu cuerpo reacciona de manera natural, ni siquiera tenés que forzar una reacción, todo sale de los ojos.

¿Quiénes son tus actores favoritos?

Los más obvios. Meryl Streep y Robert De Niro, Bette Davis y Marlon Brando. También adoro a Monica Vitti y a Anna Magnani, otra actriz italiana que no tenía miedo de escuchar, la descubrí en una película con Burt Lancaster, “La rosa tatuada”. Revolucionaria.

Hablando de esa época, en la campaña de Gucci le das protagonismo al foulard, un accesorio que habíamos descuidado en estos años, ¿no te parece?

Creo que todos lo aprecian, pero es cierto que ahora se juega menos con él, porque la gente está menos juguetona. Sin embargo, el foulard es tan cinematográfico, dramático en ciertos aspectos, divertido. Puede convertirse en una vincha para el cabello, en un top...

¿Por qué la gente tiene menos ganas de jugar con la moda?

Creo que porque siente que está siendo constantemente observada y se incomoda si se siente vigilada.

¿Qué impacto tiene la música en tu vida?

Escucho mucha música, incluso más de la que parece. Además tengo un marido músico (Mark Foster, voz de Foster the People). No podría imaginar mi casa y mi vida sin música. Sería tan deprimente. Escucho géneros diferentes, que tienen el poder de cambiar mi humor.

¿La canción de amor perfecta?

Quizá “God Only Knows”, de los Beach Boys. Es una de las más bellas de todos los tiempos.

¿Qué relación tenés con tus rulos? ¿Los aceptaste siempre?

Siempre. Aceptados y defendidos. Me tuve que pelear varias veces por ellos. Siempre querían alisármelos. No sé por qué existe ese rechazo social hacia los rulos, esa idea de que son menos atractivos. Somos un poco discriminadas, la verdad, no nos dan consejos sobre cómo cuidarlos y peinarlos. Y es real que si están descuidados, el look no es el más bonito. Pero si aprendés a conocerlos y manejarlos, los rulos pueden ser encantadores.

Creciste en una familia de artistas (su mamá es una ex cómica convertida en terapeuta y su papá enseña arte y pinta). ¿Qué influencia tuvo eso en vos?

Enorme. Crecí en Nueva York, viendo películas de todo el mundo, en una casa donde se hablaba continuamente de psicología. Mi elección por la actuación no fue una sorpresa.

Y luego tuviste una excelente "entrenadora de dialecto"...

¿Te referís a las bromas telefónicas que hacía mi mamá? Sí, exacto. Ella entrenó mi pasión por los acentos. Era clásico intentar mantener el mayor tiempo posible al teléfono al vendedor de turno que quería vendernos algo inútil, competíamos para ver quién aguantaba más. Querían engañarnos y no se daban cuenta de que éramos nosotras las que nos burlábamos de ellos. Mi familia es muy bromista, siempre bromeábamos mucho, inventábamos historias. Tiene perfecto sentido que haya terminado siendo actriz.

La ironía es un don precioso en la crianza de los hijos.

Estoy de acuerdo. Mis padres me acostumbraron a pensar fuera de lo común, digámoslo así.

¿Y las bromas continúan?

Claro. Y son cada vez más creativas. Mis papás tienen un gran talento.

Hablábamos de los acentos... ¿Cuánto "robás" de las situaciones cotidianas?

Mi mayor inspiración, en general, son las personas que conozco por casualidad. Trabajo con muchísima gente y, a menudo, detrás de cámara, escondidos tras bambalinas, hay individuos muy misteriosos con personalidades particulares que podrían convertirse en personajes principales de una película. Al lado de ellos, muchos actores no seríamos para nada interesantes en una historia. Incluso yo, pero está bien así.

¿Hay alguna colega que realmente admires y te haya impresionado como profesional?

Emma Stone está entre las mejores artistas que conozco. Hicimos “Maniac” juntas y es una verdadera alegría observarla mientras trabaja. También Andrea Riseborough. Actuar con ella en “Waco” fue uno de los momentos más emocionantes de mi carrera. Luego Lily Tomlin, Laura Linney, Jason Bateman...

¿Es cierto que durante la huelga de Sag-Aftra asististe a una escuela de payasos?

Sí, pasaba los días sin hacer nada y alguien me había hablado bien de esa escuela. Fue estimulante.

¿Te resultó útil para el trabajo?

Muchísimo. También aprendí como persona. No crecés en el trabajo si no te escuchás como ser humano. Soy una persona antes que una actriz. Suena banal, lo sé, pero conozco colegas que descuidan sus propias emociones, evitan mirarse hacia adentro, y trabajan, trabajan, trabajan. ¿Cómo podés interpretar a una persona real si vos no sos real, si no vivís una vida normal?

¿Vos lográs hacerlo?

El día que sienta que ya no tengo una vida real, me retiraré. No podría hacer mi trabajo si sintiera que vivo en una burbuja. Mi familia, mis colaboradores y las cosas que salen mal cada día son de gran ayuda: los imprevistos, los errores. Pero mi fuerza son las personas que me rodean: gente buena, muy honesta. Soy afortunada.

En el mundo artístico, lleno de aduladores, el pensamiento crítico de personas de confianza es fundamental...

Sí, nunca sabés si los cumplidos son verdaderos o no. A menudo, solo quieren algo de vos... Precisamente, la escuela de payasos fue una gran lección en ese sentido. Había mucha improvisación, la gente se reía o no. La respuesta era inmediata y auténtica, sincera. Un buen ejercicio.

Serás Shalla-Bal, la versión femenina de Silver Surfer, en la película “Los Cuatro Fantásticos - Los Orígenes”. ¿Qué nos podés contar al respecto?

No mucho... Solo que el universo Marvel es emocionante. Es un cómic icónico, creo que incluso fue el primero. El director Matt Shakman es brillante, el reparto estelar, los colegas tienen gran talento y son súper lindos, adorables.

¿Cuál fue la mayor satisfacción de tu carrera?

Quizás Ruth Langmore. Tuvo un efecto poderoso, tocó fibras, generó atención y afecto. No fue fácil interpretarla, pero siempre voy a estar orgullosa de ella y la voy a llevar conmigo.

¿Qué encontraríamos si abriéramos tu vestidor?

Más bien, si abrieran mi zapatero. Adoro los accesorios más que la ropa, sobre todo, los zapatos. Me encantan las plataformas de cualquier tipo y los kitten heels. Otro accesorio irrenunciable: las gafas de sol. El modelo adecuado te da un toque inmediatamente cool. En cuanto a la ropa, adoro los abrigos y las chaquetas. Tengo muchísimas, pero al final siempre uso la misma, una de Gucci, de piel.

¿Tenés algún vestido viejo que tenga un significado especial?

Sí. Está gastado, pero no puedo tirarlo. Lo había pagado doce dólares y es especial porque lo usaba seguido en las audiciones, al principio de mi carrera. Quiero que me hagan uno idéntico. Y también conservo una pulsera vieja con botones que todavía uso.

¿Cuál es tu sueño más grande?

Voy a sonar cursi, pero lo estoy viviendo. Quiero seguir poniéndole el cuerpo a proyectos interesantes y trabajar con gente que estimo. En la vida las cosas cambian y, ahora mismo, amo mi oficio, principalmente, por la gente que conozco, las relaciones que establezco y las conexiones humanas. Me gusta donde estoy en este momento. En cierto sentido es como vivir un sueño.

Por último, tenés una piel increíble. ¿Alguna vez tomaste sol?

Nunca. Una vez salí al aire libre con mi taza de café, porque había leído que, por alguna triste razón, nunca había que beber el primer café de la mañana en la oscuridad, sino bajo algún rayito de sol. Me quedé afuera un poco más, porque tenía frío... habrán sido quince minutos como máximo. ¡Me quemé horriblemente! La piel se me pelaba. Desde ese día elegí ser súper blanca. No me bronceo, solo me pongo roja. Sin embargo, en los demás, me gusta un buen bronceado. Así que si tenés la piel oliva, protegete y tomá sol, tenés mi aprobación. Yo me quedo con el look de vampiro.