
Música
Te contamos los detalles que esconde la cantante pop.
Durante años, Katy Perry fue la musa del pop technicolor. Pero detrás de sus pelucas icónicas y de los fuegos artificiales (literalmente), se esconde una artista de múltiples capas.
Antes de dominar los escenarios, Katy soñaba con ser escritora de viajes. Durante la adolescencia, llevaba un diario en el que describía lugares que nunca había visitado —desde cafés parisinos hasta templos en Kioto—, imaginando las sensaciones, los aromas y las historias de la gente. Ese ejercicio creativo moldeó su narrativa lírica: canciones como “Teenage Dream” y “Wide Awake” están llenas de imágenes sensoriales que podrían pertenecer a un diario de viajes emocional.
Pocos lo saben, pero Perry colecciona libros antiguos sobre espiritismo y arte místico del siglo XIX. Su biblioteca personal en Los Ángeles guarda ediciones raras de manuales de alquimia y tarot, una fuente de inspiración estética que se filtra sutilmente en sus puestas en escena —como los símbolos esotéricos de su era Witness.

Más que una declaración de estilo, Katy utiliza la moda como guión narrativo. Desde los corsés de Moschino inspirados en caricaturas hasta los vestidos con luces LED de The Blonds, cada look cuenta un capítulo de su evolución emocional. En palabras de su estilista Johnny Wujek: “Katy no se viste, interpreta un personaje que ella misma escribe”.
Si creías que el equilibrio se lograba solo con meditación, estás equivocada. La cantante reveló ser una devota del bienestar interno. Para eso, consume 26 vitaminas al día. Un régimen de suplementos tan intensivo que subraya su compromiso con la salud, a pesar de su conocido amor por las hamburguesas y los hot dogs.

Katy confesó que la primera vez que asistió a los Grammy tuvo un momento que ella misma calificó de "repulsivo, pero muy cool". Les pidió a Miley Cyrus y Taylor Swift un mechón de su pelo. Un recuerdo peculiar y un tanto oscuro que guardó en su bolso y que muestra una faceta inesperadamente cholula de la megaestrella.