
Entrevista
De ícono juvenil a figura internacional, la actriz hoy se sumerge enpersonajes atravesados por la herida, la ambición y la oscuridad. Charlamos con ella sobre el estreno de la serie “Amor animal”, un nuevo capítulo en su carrera.
Hay una cualidad felina en Valentina que trasciende la pantalla. No es solo su mirada, de un azul gélido que parece contener años de ambición y calma, sino su capacidad para mutar. Después de años de ser la it girl de una generación que creció con ella en "Soy Luna", se radicó en Madrid bajo el universo eléctrico de "Élite", la serie española que la posicionó a nivel internacional.

Ahora, a los 29, la actriz que creció en Pilar está de vuelta en Buenos Aires, pero no de visita. Este nuevo capítulo de su vida se escribe en polos opuestos a los de sus inicios artísticos. Hace tres años vino a interpretar a Nahir Galarza en la película de Prime Video que retrata la historia de la mujer más joven en ser condenada a cadena perpetua.
Después, actuó en la primera temporada de “En el barro”, el spin off de “El Marginal”. Fue allí donde el destino decidió que Valentina encontrara algo más que un guión desafiante. Entre cámaras y la crudeza del set, nació su relación con el creador y director Sebastián Ortega, un romance qu fluyó con la naturalidad de lo que simplemente tenía que ser. Y que la llevó a plantar bandera definitiva en Argentina.

Cuando Valentina entra en escena en la producción de fotos hay una mezcla de magnetismo effortless y esa seguridad de quien ya no tiene que demostrarle nada a nadie.
El escenario es la Mansión del Hotel Four Seasons de Buenos Aires, la histórica residencia del Palacio Álzaga Unzué, donde el refinamiento europeo conversa con el pulso vibrante de Buenos Aires. Entre mármoles, boiseries y arañas centenarias, la actriz se desplaza con una elegancia que roza lo cinematográfico, en sintonía con una arquitectura histórica convertida en emblema de lujo.
En constante metamorfosis, Valentina también irrumpe en la escena urbana: corre y camina en stilettos al costado de la Avenida 9 de Julio, bajo la mirada curiosa y los bocinazos de los autos que pasan, para encarnar otras versiones de sí misma en rincones más terrenales y vibrantes de Buenos Aires.
Después del shooting, conversamos con ella sobre su papel en “Amor Animal”, la producción que acaba de estrenarse en Prime Video y que la impulsó a bucear en sus propios duelos para dar vida a Justina. Un personaje quebrado, visceral, que le permitió convertir sus cicatrices en materia creativa y transformar la herida en interpretación.

A lo largo de ocho episodios, la serie se adentra en la intensidad del amor, la ambición desmedida y las distintas formas que puede asumir la violencia entre dos mundos opuestos, trazando un retrato contemporáneo de las pasiones que marcan una generación.
¿Qué te atrajo de “Amor animal”?
Fue muy particular cómo me llegó este proyecto. Estaba a una semana de empezar a rodar “En el barro”, cuando me llamó mi representante para contarme que había un casting para la serie. En ese momento yo vivía en España y estaba atravesando una etapa personal muy particular, con una separación reciente.
Pero sentía ganas de volver a mi casa en Madrid. Finalmente, Pablo Culell y los guionistas me contaron qué se habían imaginado respecto a Justina, mi personaje, y yo aporté lo mío.
Se terminó armando algo hermoso con el resto de los actores. Había una energía muy parecida a la de una clase de teatro: gente apasionada, que ama lo que hace y quiere que salga bien.

¿Cómo fue el proceso de construcción de tu personaje?
Fue intenso y con mucho detalle. Justina es una persona completamente rota, culposa y vacía. Me atrajo la complejidad del personaje. Como actriz, me desafía meterme en la oscuridad, en el dolor, e esos lugares incómodos. Me interesaba contar su duelo.
Yo venía de vivir una separación que fue un duelo muy fuerte. Tenía todo eso muy reciente y, de alguna manera, fue una forma de sanar también. Obviamente lo que vive ella es más extremo, pero entendí su dolor y la acompañé. Sentí que la agarraba de la mano y le decía: “Vamos juntas”.

¿Cómo viviste la transición de actuar en series juveniles a proyectos más dramáticos?
Fue un cambio rotundo, pero buscado. Cuando terminé “Élite”, donde ya había un quiebre respecto a lo que venía haciendo, sentí que quería ir hacia personajes más complejos. Me acuerdo que me teñí el pelo de rojo y dije: “A partir de ahora quiero hacer cosas así”.
Después me llegó la posibilidad de protagonizar Nahir, la película, y pensé: “Esto lo tengo que hacer como sea”. Igual, por más ganas y potencial que tengas, si nadie confía en vos, es difícil demostrarlo. Cuando confiaron en mí, me tiré de cabeza.
¿En qué momento de tu carrera estás?
En un momento más maduro, con mayor claridad sobre hacia dónde quiero ir. Contenta y agradecida. Mi sueño más grande es hacer películas sin parar. Intento que cada decisión esté alineada con eso.
¿Qué sensaciones tuviste al regresar a Buenos Aires después de vivir en España?
Me fui a los 21 años convencida de que me quedaba para siempre. Había vivido siempre en Pilar y pasé directo a Madrid. Cuando volví a trabajar acá y me quedé un tiempo en Buenos Aires, sola en la ciudad por primera vez, descubrí algo nuevo. Me reencontré con una parte mía.
Después empezaron a surgir proyectos interesantes y también apareció el amor. Por dentro, sentía que quería quedarme acá. Enamorarme hizo que esa decisión fuera definitiva. Hoy digo que soy una persona de mundo, no quiero sentirme anclada en un solo lugar. Pero amo Argentina profundamente. A veces me emociono manejando por la ciudad, conecto con mi esencia y se me caen las lágrimas.
Empezaste a actuar desde muy chica. ¿Cuáles fueron tus principales aprendizajes?
Aprendí que si no te cuidás, no te cuida nadie. Que el registro interno es fundamental y que cuando hay que decir que no, hay que decir que no.
De chica aceptaba todo, cedía. Hoy me paro distinto, porque estoy más grande.
¿Alguna vez te sentiste prejuzgada?
Sí. Me pasó muchas veces, incluso antes de trabajar, que me dijeran: “Pensé que eras re creída”. Durante un tiempo mi seriedad fue una especie de escudo. En la intimidad soy de otra manera.
Necesito confianza para mostrarme tal cual soy. Entiendo que desde afuera eso puede confundirse con distancia o soberbia, pero también creo que a todo el mundo le pasa. Nadie es exactamente igual en público que en su casa.
Tu personaje, Justina, tiene un estilo muy marcado. ¿Qué lugar ocupa la moda en tu vida?
Me gusta mucho. Consumo, miro, investigo. Es algo que me interesa desde chica. Y trabajando aprendí todavía más. Viajar, ir a las Fashion Week, estar en contacto con diseñadores y estilistas… todo eso me fue formando el ojo y me hizo entender la moda desde otro lugar, más profesional.
De hecho, hice varias sugerencias sobre el vestuario que debía tener Justina en “Amor animal”. Me involucré. Soy bastante exigente conmigo en cuanto a lo estético. A veces, demasiado.
Tengo un ojo muy crítico con lo que me pongo, cómo me queda, el maquillaje, el pelo… Me gusta estar atenta a los detalles y a lo último, aunque por momentos pienso que me vendría bien relajar. Pero disfruto ese proceso: armar un look es una forma de expresión para mí.
¿Cuál es tu estilo personal?
Clásico con un toque elegante. Me gusta verme natural y relajada, pero con cierta sofisticación. El otro día, en un café en Miami, una mujer se acercó para decirme exactamente eso: que mi look era simple, pero elegante. Y pensé: “Listo, era lo que quería escuchar. Eso es lo que quiero transmitir”.
¿Cómo vivís los mandatos de belleza en esta era dominada por las redes sociales?
Siento que volvió con fuerza una moda de la delgadez absoluta. Abrís Instagram y todo el tiempo aparecen publicidades sobre cómo bajar de peso y mejorar el cuerpo. Las mujeres crecimos con exigencias muy fuertes y, aunque hoy haya un discurso deconstruido, siguen apareciendo mensajes crueles.
Intento que eso no me afecte, pero sería hipócrita decir que no lo hace. Me importa la estética, entonces hay momentos en los que esos discursos te tocan. Yo tuve etapas de obsesión con el peso.
Me ponía objetivos demasiado estrictos en cuanto a mi imagen. Tuve trastornos alimenticios y llegué a consultar con una especialista, porque entendí que había conductas que no eran sanas.
¿Cómo trascendiste ese proceso?
Por suerte lo pude trabajar. Irme a vivir sola a España fue un punto de inflexión. No tenía a nadie comparándome, ni yo imaginando miradas. Si estaba hinchada o tenía un mal día, no era un drama existencial; era la vida.
Aprendí a convivir con mi cuerpo de una manera más amorosa. Y es algo que sigo trabajando, pero hoy lo hago desde otro lugar. Con los años fui cambiando la mirada. Antes me preocupaba demasiado por verme perfecta en cámara.
Hasta que un director me dijo algo que me quedó grabado: “Acá lo importante es cómo actuás, no tu cuerpo, ni tu piel, ni el pelo”. Entendí que estaba poniendo la energía en el lugar equivocado y bajé varios cambios. Eso me ayudó a soltar.
Hoy estoy en un momento personal muy bueno, más fuerte, más segura. Hice terapia con la persona indicada y eso fue clave.
¿Qué mujeres te inspiran?
Mi mamá es la mujer que más me inspira en el mundo. Es increíblemente fuerte, atravesó situaciones duras y siempre mantiene una actitud positiva. Además, mis papás siempre me apoyaron con mi vocación, incluso cuando a mí me daba vergüenza animarme.
En la actuación, adoro a Meryl Streep. Siempre soñé con conocerla y cuando tuve la oportunidad de estar cerca de ella, en un defile de Dolce & Gabbana durante la Milan Fashion Week, fue emocionante.
En “Amor animal” los personajes viven de fiesta y se mueven en ámbitos donde circula la droga. ¿Atravesaste situaciones similares?
Viví en España donde se sale muchísimo. Me he divertido. No en la manera en la que se divierte Justina, pero sí estuve cerca de personas que recurrían a la droga. Mis recuerdos de eso no son tan lindos.
Acá mi vida es más tranquila. Me divierte salir. Hay fines de semana que me resulta plan ir a bailar, pero también cumplí 29 y con el tiempo vas tomándole el gusto a quedarte un mes encerrada en tu casa.
En la serie se muestran relaciones conflictivas ¿cómo sos en el amor?
Estuve en relaciones tóxicas donde la pasé muy mal, vivía angustiada. Me sentía sola estando en pareja. Eso me enseñó mucho.
Hoy estoy en un vínculo sano, no lo busqué en absoluto y llegó. Me siento feli y más fiel a quien soy. Últimamente me reconozco emocionada y contenta, porque estoy siendo la persona que siempre fui.
¿Cómo fue trabajar con Sebastián, tu pareja?
Nos llevamos muy bien, no solo dentro del set, también en la vida diaria.
¿Qué proyectos fantaseás concretar en la vida?
Desde chica tengo muchos sueños y ganas de hacer cosas. A veces me abruma un poco todo lo que quiero lograr, porque cuando el deseo es tan grande también aparece la pregunta: “¿Por dónde empiezo?”.
Hay una parte mía que me dice “ya empezaste” y otra que se desespera por saber cómo seguir. Pero, en el fondo, siento que estoy en el camino correcto.Gran parte de mis deseos pasan por la actuación. Tengo una ambición muy fuerte a nivel actoral.
El trabajo para mí es fundamental, me ordena, me mantiene en eje. Después, claro, también proyecto en lo personal. Si estoy en pareja es porque me imagino construyendo algo. Durante mucho tiempo quise ser madre joven.
A los 26 decía que iba a ser mamá, después lo corrí a los treinta y pico… hasta que entendí que no tiene sentido vivir poniendo fechas. Mi abuela una vez me dijo: “No planees tanto, porque yo lo hice y me salió todo mal”. Y me quedó grabado. Así que ahora intento fluir más.
Si pudieras abrazar a tu yo de 15 años, ¿qué consejo le susurrarías al oído?
Que siga por ahí. Que confíe en lo que le vibra y lo tome cuando lo sienta. Con menos impulsividad, quizás, pero sin perder esa intuición.
Créditos: Fotos: Agustín M. Gómez. Estilismo: Joaco Díaz. Make up: Bettina Frumboli. Hair: Mae Ludeña. Asistentes: Lola Boa Nogueira, Jose Bravo. Prime Video.