El boom de las novelas románticas

El boom de las novelas románticas

Cultura

Una nueva generación de lectoras muestran con orgullo en las redes sociales sus elecciones literarias, alejándose de la idea de que el romance es un “placer culposo”. En esta ola, que celebramos, no puede faltar Florencia Bonelli y su nueva entrega: Yo soy el viento, el libro que da cierre a la trilogía de La Casa Neville.

26/06/2025 16:50

Aunque el amor es un tema recurrente en la literatura desde la Antigüedad, se considera que el género romántico comenzó a definirse en los siglos XVIII y XIX. Autores como Samuel Richardson (Pamela, 1740; Clarissa, 1748) y Jean-Jacques Rousseau (La nueva Eloísa, 1761) introdujeron historias donde el amor, el deber y el deseo marcaron un giro fundamental en la literatura de la época. Luego llegaron Jane Austen con Orgullo y prejuicio (1813) y Emma (1815), y las hermanas Brontë con Cumbres borrascosas (1847, de Emily) y Jane Eyre (1847, de Charlotte) para sentar las bases de la estructura romántica actual y consolidar el género.

A partir de 1930, con el surgimiento de editoriales como Mills & Boon (Reino Unido) y Harlequin (Canadá y Estados Unidos), el romance se masificó. Las novelas románticas pasaron a ser publicadas en colecciones específicas, con fórmulas narrativas reconocibles: amor apasionado, conflicto emocional, resolución feliz.

Danielle Steel, Nora Roberts, Barbara Cartland, Françoise Sagan y Corín Tellado fueron solo algunos de los nombres entre los tantos que provocaron que se vendieran millones de copias en el mundo entero. Pero a pesar del éxito comercial, durante muchos años estos libros arrastraron el estigma de ser un género menor, escrito por y para mujeres.

En la actualidad, esa etiqueta se despegó de un tirón en parte gracias a las lectoras y los lectores jóvenes que comparten reseñas y recomendaciones en las redes sociales. TikTok e Instagram dieron vida a cientos de influencers que con su opinión promueven títulos que rompen récords de ventas. Entre ellos, están los libros de Florencia Bonelli, la autora cordobesa nacida el 5 de mayo de 1971, que hace 25 años dejó su profesión de contadora para dedicarse por completo a la literatura. Por supuesto mucho antes del surgimiento de las redes sociales, ya su bilogía Indias blancas (2005) y su trilogía Caballos de fuego (2011) la posicionaron como una de las novelistas más populares y referente del género en Hispanoamérica, con un número inmenso de seguidores que esperan con ansias cada uno de sus libros.

Florencia Bonelli
Florencia Bonelli

“Claro que hay nuevas formas de contar el amor, porque el ser humano cambia, evoluciona permanentemente. Pero que sigamos hablando del amor es lo que salva. Hablemos del amor, como sea. Porque es lo único que va a contrastar al miedo. Las dos fuerzas que manejan el mundo. La literatura que habla de amor, en nuestro género del amor de pareja, que después da fruto y se vuelve amor familiar, de hermanos, es clave. Agradezco mucho que el género esté vigente a nivel mundial, que sigamos publicando y que las editoriales nos sigan dando lugar”, confiesa Bonelli en exclusiva para ELLE.

El romance histórico

En este subgénero de la novela romántica el contexto es fundamental y tiene tanto peso como la trama de amor que viven los protagonistas. Algo que Bonelli maneja a la perfección, tanto al situar sus libros en algún punto de la historia moderna como de la contemporánea. Por ejemplo, si bien la trilogía de La Casa Neville está ambientada en Londres, en las primeras décadas del siglo XIX, Caballos de fuego fue la primera saga en la que tocó temas actuales y polémicos, como la guerra civil en el Congo o el conflicto entre Israel y Palestina, y que marcó un antes y un después en su carrera. Incluso el próximo libro en el que está trabajando será una ficción contemporánea de la que por ahora no puede dar más detalles.

La escritora española Déborah F. Muñoz explica que “el encanto de estas novelas viene de que los obstáculos que tienen los protagonistas para estar juntos son muy diferentes que los que se tienen en la actualidad, y su modo de actuar está regido por las normas sociales de la época”. Como destaca un artículo del National Women’s History Museum, el subgénero ofrece un atractivo escapismo: “Un amor ambientado en el pasado es una forma maravillosa de olvidar los problemas del siglo XXI, mientras se transforma la historia de fechas secas en historias llenas de personas reales que sufren alegrías y tragedias”. Además, estos libros suelen despertar curiosidad por la historia, funcionando como “puertas de entrada” para interesarse por el pasado lejano o reciente de manera entretenida.

Escribir estas historias tan complejas, que incluyen cientos de datos y detalles históricos, es una tarea titánica, que oscila entre la investigación profunda y la imaginación. “Es un trabajo de ingeniería”, precisa Bonelli, que dedica un tiempo mucho más extenso a la investigación que a la escritura, alrededor de dos años y medio o tres, en los que lee muchísimos libros, ve documentales, mira fotos, consulta fuentes en diferentes idiomas como inglés, francés e italiano, y genera archivos en su computadora de más de mil página, donde todo está muy bien ordenado. Luego, para recuperar la información, busca a través de palabras clave lo que va necesitando para escribir.

“Empecé a amar la historia cuando la investigué yo y fui a leer a verdaderos historiadores (…) Para La Casa Neville, leí mucho sobre las casas bancarias más importantes de la City de Londres, sobre los Baring Brothers. Hasta que digo, ‘basta, Flor, no estás escribiendo un tratado sino una historia de amor’, y me siento y escribo, escribo, escribo durante seis o siete meses. A medida que voy nutriéndome de información política, histórica, geopolítica van sonando los primeros acordes y voy creando. Las actividades mecánicas son las que más me inspiran. Planchar me encanta. Entonces largo la plancha y voy y anoto un diálogo, un aspecto, un epígrafe. También cuando lavo los platos, me saco los guantes y voy corriendo. Si me estoy bañando le grito ‘Miguel [su marido], anotame una idea’. Es una obra de ingeniería, porque si te faltó una columna, se te viene abajo todo. Todo tiene que ser consistente, que no cometas errores, tengo que estar muy concentrada. Yo cada mañana, antes de sentarme a escribir, hago una pequeña oración y le pido al espíritu divino que me ilumine para no equivocarme”, relata sobre su proceso de trabajo.

Escribir es mágico

En la novela romántica, el tratamiento de los personajes es clave para generar empatía, y sostener la tensión emocional y narrativa. A diferencia de otros géneros, el desarrollo emocional y relacional de los protagonistas es el eje central. Según estudios sobre narrativa romántica, como los de la académica estadounidense Janice Radway o la autora Laura Vivanco, estos personajes representan el proceso simbólico de curar una fractura emocional o social a través del amor. Es decir, el personaje no solo encuentra una pareja, sino también una forma de reconciliarse consigo mismo y con el mundo.

Si bien en el universo Bonelli, Alexander Blackraven ya existía (es el primogénito de los personajes del Cuarto Arcano), nada había acerca de Manon Neville. Debía crearla por completo. Ella es fabulosa, inteligente, con un corazón de oro, y está dispuesta a crecer, a avanzar. Reconoce sus propias limitaciones y sobre todo tiene una enorme capacidad para amar, con mucho desprendimiento. Ama a su familia, a pesar de que es un nido de serpientes, y tiene tanto respeto por el dolor ajeno, que esto la hace extremadamente empática. Manon empieza ayudando a su papá en el banco, y desde el lugar de estar siempre atenta a lo que necesitan los otros va sorteando a sus enemigos, con el amor como vela, hasta convertirse en la presidenta de unas de las casas financieras más importantes de la época. “Es muy difícil ser así, porque la decisión del amor es poner siempre primero al otro”, explica Bonelli. De este modo, Manon crece, y se acrecienta su humanidad, su chispa divina.

Además de trabajar con las fotos de los personajes, Bonelli les realiza la carta natal. Define al azar el momento exacto en el que nacieron. Y se produce algo mágico entre lo que desprende la astrología y la caracterización que ella había imaginado antes. Manon es canceriana, el signo de la familia y de la madre, de hecho ella la adoraba y la pierde cuando era muy chica; y tiene la luna en Virgo (igual que Bonelli), que implica estar siempre en servicio, algo que la protagonista sostiene a lo largo de la saga. Alexander es escorpiano, fuerte y poderoso, y tiene la luna en Capricornio, una de las lunas más duras, que indica que cuando un niño nace con esta luna, alguno de sus padres tuvo una carencia afectiva importante. Él ya nace sin la necesidad de que lo amen, porque sus antepasados sufrieron la falta de afecto. “Es muy raro de explicar, el vínculo, lo que se genera, los diálogos. Los personajes toman el poder. Siempre. Todas las veces que escribo desde que empecé. Es una cosa mágica, hay algo cósmico”, confiesa.

Tiempo de redes

Si el amor vive en los libros, en TikTok se hace viral. La comunidad conocida como BookTok —formada por lectores que recomiendan, reseñan y dramatizan escenas de novelas— fue fundamental en el revival del género romántico a nivel global. Según datos de Publishers Weekly, los libros de romance crecieron un 41% en ventas solo en Estados Unidos en 2022, en gran parte gracias a su difusión en redes. En TikTok, el hashtag #romancereads supera los 2000 millones de vistas y el #BookTok los 77.000 millones. Pero más allá del algoritmo, el secreto está en la conexión: BookTok propone una lectura emocional, colectiva y transversal, donde la vulnerabilidad, el deseo y el empoderamiento encuentran eco en millones de lectoras jóvenes. El uso de música, filtros y efectos hace que las recomendaciones sean visuales y emocionales: se crean book trailers caseros, memes literarios o clips de reacciones que animan la lectura de una novela.

Otra de las plataformas que impulsaron la novela romántica es Wattpad, que cuenta con más de 90 millones de usuarios (el 92,5% entre 13 y 40 años), muchos de ellos aficionados al romance y los fanfics. Este espacio permite que los lectores comenten en tiempo real cada capítulo, fomentando una lectura activa y colaborativa. Gracias a esta visibilidad online, las grandes editoriales se sumaron al fenómeno y editan en papel las novelas nacidas en Wattpad, con un éxito de ventas único. Claramente, el romance, lejos de pasar de moda, se reinventa y crece cada vez más en likes.