
Escapada
La ciudad uruguaya a 50 minutos de navegación del centro de Buenos Aires se posiciona como un destino joven y cultural. A los magníficos atardeceres y al emblemático casco histórico se suman proyectos habitacionales sustentables y propuestas gastronómicas innovadoras.
Anteojos de sol, apenas un carry on y zapatillas para subir bien temprano al barco con comodidad y enfocar la mirada hacia la otra orilla del Río de la Plata. A menos de una hora, esperan el empedrado, las playas blancas, el río más claro y un sol de película. La riqueza histórica y natural de este bastión de origen portugués se lleva de maravillas con un costado más reciente de la ciudad, que plantea un desafío urbanístico y recorridos gastronómicos, que si bien cuentan con años de historia, se reinventan en manos de las nuevas generaciones. Poner un pie en Colonia de Sacramento es viajar al mismo tiempo al pasado y al futuro.
La primera mañana es para caminar, sacar fotos, perderse. Volver a pasar por las mismas calles empedradas, asomarse a las casas coloridas y espiar por las ventanas, subir al Faro, entrar a la iglesia más antigua de Uruguay, comprar algún recuerdo, pasar por la Puerta de la Ciudadela y treparse a los restos de la muralla para imaginar cómo era todo siglos atrás.

El tiempo en el barrio histórico se detiene, recorriendo y maravillándose con esa fusión arquitectónica portuguesa y española que caracteriza a Colonia de Sacramento, enclave fundamental del Río de la Plata, fundada en 1680 por el portugués Manuel Lobo, disputada por los dos países ibéricos durante más de un siglo hasta la Declaratoria de Independencia de la Banda Oriental en 1825, y parte del patrimonio de la UNESCO a partir de 1995.
Las reminiscencias a Lisboa aparecen en las casas bajas, los adoquines irregulares y en especial en la preciosa y romántica Calle de los Suspiros, que según la leyenda lleva este nombre por los suspiros de los marineros que venían a buscar compañía después de largos meses en el mar. De las ciudades españolas se refleja la distribución de las manzanas, los patios interiores y las casas adosadas. Todo este ensamble es el responsable de la magia del lugar, que se encuentra en perfecto estado.
Una parada durante el recorrido siempre es bienvenida, puede ser en Anita Café, una propuesta que arranca a las 9.30 de la mañana y hasta la tarde, con desayuno, almuerzo y merienda, o take away para seguir paseando.
En el departamento de Colonia, que incluye una veintena de localidades, hay trece bodegas repartidas entre la belleza del paisaje rural y la tranquilidad del entorno, algunas con alojamiento. A media hora del barrio histórico, por la ruta 21 que une Carmelo y Colonia de Sacramento, se llega a Bodega Los Cerros de San Juan, la más antigua del país, fundada en 1854 por la familia alemana Lausen y que cuenta en la actualidad con la asesoría de Michel Rolland. Son 40 hectáreas de viñedos y producen 450.000 litros de vino al año.
Desde 2019 es parte del grupo Colonia Express y además de las visitas guiadas con catas premium, y distintas experiencias a medida, funciona Almacén de Piedra, un restaurante y espacio para eventos, antiguo almacén de ramos generales, que propone un menú de autor maridado con algunas de las estrellas de la bodega como Albariño, Tannat o Cabernet Sauvignon. El trayecto ya es un placer en sí mismo, se puede llegar cerca del mediodía, justo para almorzar.
Parte de la magia de la visita está en la historia del lugar, rodeado por tres cursos de agua (arroyo Miguelete, río San Juan y el Río de la Plata), que generan un microclima que favorece las plantaciones. En sus inicios, con la llegada de ingenieros ingleses y franceses, se llegó a formar un pueblo de 1500 personas viviendo en las distintas instalaciones. Algunas se dedicaban a la agricultura y la ganadería (fueron los primeros en introducir la raza Hereford en Uruguay, la más importante de carne de exportación), otras a los viñedos y también al puerto. Algunos de estos terrenos pertenecen a la bodega, por la que se puede pasear y disfrutar durante la tarde.
La rambla es perfecta para caminar, andar en bicicleta o simplemente sentarse a mirar el sol caer sobre el río. Uruguay se caracteriza por la belleza de los atardeceres en la costa y Colonia es uno de los puntos en donde más se disfruta.
Otra opción es pedir una mesa en alguno de los restaurantes con vista al río y elegir un cóctel para pasar un momento épico. Charco y Bohemia son dos de los bistrós preferidos por los viajeros, donde da también para quedarse a comer. Mamba Food & Drinks tiene una propuesta de cocina a leña con cócteles de autor, bajo el lema “el sonido de la felicidad se sirve en copa”.

En Casa Viera la coctelería convive con los vinos regionales y una cocina original que va cambiando según las estaciones. Abre a las 19.30 y es una gran manera de empezar la noche colonial. Entre los destacados se encuentra Sur Gin 34, un gin local premiado a nivel internacional que aporta identidad y sofisticación a la carta de tragos. Pesca, ñoquis fritos, raviolones de osobuco braseado o risotto cremoso de cabutia, salsa de queso azul, peras asadas y pistachos tostados son solo algunas de las opciones para cenar.
La Plaza de Toros Real de San Carlos es un punto arquitectónico central, que se levanta cerca de la costa como un recuerdo de otros tiempos, donde la tauromaquia convocaba a los curiosos del Río de la Plata. Es un buen punto para conocer durante la segunda mañana, por cuenta propia o con un guía que enriquece la historia.

Fue inaugurada en enero de 1910, estuvo solo activa dos años, se corrieron 33 carreras y no se mató, en ninguna de ellas, ni un solo toro. Después de un siglo de abandono fue restaurada y reinaugurada en diciembre de 2021 como un espacio cultural multifuncional, con capacidad para 4500 personas.
A 60 kilómetros de Colonia de Sacramento, por una ruta bellísima, se llega a Colonia Suiza Nueva Helvecia, una ciudad del mismo departamento, con una esencia diferente, paisajes rurales y un ambiente coronado por productos locales, como quesos, chocolates y cervezas, típicos de los colectivos europeos que se instalaron en la zona.
Una de las empresas familiares es Granja La Cumbre, una quesería artesanal que maneja toda la cadena productiva, desde la tierra, la cría del ganado, el ordeñe, la elaboración del queso y el tratamiento de los residuos orgánicos.
En la actualidad, está en manos de la quinta generación de la familia Celio Walker, que pasó de tener cinco vacas y 14 hectáreas a contar con 140 animales, más de 100 hectáreas propias y 70 rentadas, y una producción de 4000 litros diarios de leche exclusivos para sus quesos. Hacen más de diez variedades, muchos únicas en Uruguay, como Colonia, Raclette, Chester o Cumbrier.
La visita guiada incluye el recorrido por las instalaciones, para conocer no solo el lugar sino la increíble historia de esta quesería tradicional fundada por un inmigrante suizo. También se puede pasear por el extenso campo, hacer degustaciones o disfrutar un brunch.
Si bien la cuidad es pequeña, existe una muy buena variedad de alojamiento, cada cual con su encanto. Los hoteles Dazzler by Wyndham Colonia, Radisson (muy bien ubicado) y Costa Colonia son buenas opciones familiares, todos sobre la costa y con lindas vistas.
El Sheraton Colonia Golf & Spa Resort está pasando la Plaza de Toros Real de San Carlos y es una experiencia en sí misma, con servicios ideales para alargar la estadía. Comarca Las Liebres se encuentra cerca, emplazado en un paisaje natural con árboles centenarios, viñas y un restaurante especializado en comida casera, caracterizada por el concepto de kilómetro 0, es decir, con materia prima propia o productos locales de fincas aledañas.
En el casco histórico, está Charco y sus white rooms (habitaciones a partir de los 25 m2 todas engamadas en blanco), un espacio privilegiado sobre el río, que también tiene un bistró. Posada Plaza Mayor es un hotel con una magia única, construido sobre una casona de 1860 y un rancho portugués del 1700 declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO, con un jardín central que emula los antiguos patios españoles.
Cae la tarde y es momento de volver a cruzar el río, los últimos barcos zarpan cerca de las 18 horas, según la época de año. El sentimiento de haber sido testigo de un pasado que se conserva para mantenerlo vivo se amalgama con la sensación de que en Colonia aún hay mucho que está por pasar. Esta calma y vibrante ciudad uruguaya tan cerca de
Buenos Aires supera las expectativas y deja con ganas de volver una y muchas veces más.