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De un simple accesorio para protegernos del frío a pieza hitera. La capucha abandona su silueta clásica y toma lo mejor de la alta costura para reinventarse.
Los hood dresses fueron sin dudas el hit más impactante de las dos últimas temporadas.

Como toda pieza elegante, sentadora y misteriosa, su impacto hizo que perdurara en el tiempo.

Pero como la moda es puro renacimiento y adora reinventarse, los diseñadores tomaron a la capucha estilosa para sumar a otras piezas.

Buzos, camperas, blusas (vestidos también) y mucho más. La idea es hacer de la capucha una pieza de alta costura y llevarla a la vida diaria.

Más allá de establecerse únicamente como un accesorio con el que poner la nota de color a los estilismos y generalmente presente en tejidos, las capuchas se instalan, como mencionamos, en prendas que van mucho más allá de los típicos buzos que las vieron nacer.

Formas extremas, brillo, apliques, texturas... sus beneficios son múltiples. Además del aire sofisticado con el que cargan, nos envuelven en un aura de misterio que una vez asumida resulta innegociable.

Nos abriga, nos protege la melena del viento, nos aporta ese toque natural que tanto amamos de las parisinas o danesas, y eleva cualquier equipo, incluso uno deportivo.

Vimos a celebrities como Katie Holmes o Karlie Kloss luciendo capuchas incluso en alfombras rojas. Y la tentación no tardó en llegar. Ahora el street style se apoderó de este ítem.
Hay una pieza que nos tiene enamoradas: el body con capucha. Este modelo que se desliza suavemente por la cabeza o cae en los hombros, se convirtió en una de las prendas más deseadas. En seda, algodón o incluso en una lana abrazadora.

No hay razón alguna para no adoptar la capucha: un simple detalle que todo lo transforma.