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Así como el ambiente nos influye, el espacio que habitamos se presenta como una extensión de lo propio. Patricia Traversa, a través del Feng Shui y la biodecodificación emocional, propone un método de auto conocimiento y realización de cambios para proyectar nuestra interioridad en el entorno.
¿Qué significados poseen los colores con los que elegimos rodearnos?¿Qué dice de nosotras la decoración? Y a su vez, ¿qué sucede cuando realizamos cambios?
De la influencia del ambiente en las personas ha dado cuenta la filosofía del Feng Shui de la que hablan la actriz Jenna Ortega y la conductora Flor de la V. La actriz de Beetlejuice Beetlejuice considera que es una práctica que renueva, incluso para mutar el mal humor. Por su parte, la conductora de El Nueve reveló que utiliza las plantas suculentas en su hogar por lo que representan energéticamente (son “reservas de abundancia”).
Patricia Traversa en el libro El poder oculto de tu casa (Urano), combina la sabiduría del feng shui con la biodecodificación emocional. Así, ambas herramientas, nos invitan a observar el orden ambiental, los objetos alrededor como un espejo en los cuales se proyectan los planos de las relaciones, la trascendencia, la creatividad, el estudio, el trabajo y la familia, entre otros.

“Las viviendas materializan emociones, mandatos y creencias que provienen del inconsciente de sus habitantes. Creencias sobre la vida, el amor, la abundancia y muchas otras que se nos han transferido de generación en generación dentro de nuestro clan. El hogar que habitamos se va moldeando con ellas”, dice Patricia.
El origen del Feng Shui se remonta a más de 4000 años en China, es una técnica, arte y disciplina. Se cree que El qi —la energía vital que atraviesa todas las cosas— fluye con el viento y el agua lo acumula. Por lo tanto, el feng shui es el arte del flujo y la contención del qi. Se asienta en la conexión de las personas con la naturaleza y en el conocimiento de principios universales transmitidos por sabios maestros orientales.
Uno de sus principios es el de correspondencia, el cual predica que “así como es adentro es afuera”. Dice Patricia Traversa: “Éste refleja la íntima relación existente entre el microcosmos y el macrocosmos. De eso se trata el Feng Shui, de la búsqueda de una armonía entre nuestro ser y nuestro entorno.”
En la decoración, las imágenes que elegimos para adornar paredes y rincones nos devuelven una “vibración emocional”, la cual según la especialista, puede no estar de acuerdo con nuestra necesidad interior. Allí, entonces, se propondría un cambio.
“Cuando entré al living del departamento de mi novio por primera vez sentí se me venía encima la biblioteca”, relata Daniela (40). El mueble no solo era muy grande sino que además estaba recargado de objetos, todos muy significativos: fotos recuerdos, pero todo mezclado, confuso, y hasta desordenado. “Él convivía con eso con normalidad. Una vez lo hablamos y le propuse ordenarlo. Fue algo intuitivo, pero que entendí que me influía o nos influía, porque pasábamos mucho tiempo en ese espacio”, rememora Daniela.
La biodecodificación ambiental, según Traversa, amplía el alcance del Feng Shui porque “permite una lectura e interpretación del lenguaje y las energías de la casa que profundiza en las raíces ancestrales del clan. La casa está llena de símbolos, pinturas, imágenes, colores, que proyectan energía pero que además representan arquetipos y “programas” ancestrales que se replican de manera inconsciente y plasman en la casa.” Por ejemplo, un cuadro que representa emociones de sufrimiento o soledad, ubicado en el área de la pareja, está emitiendo una energía “negativa”. Además, “está reafirmando una fidelidad inconsciente a alguien del clan acerca de la pareja o el amor”.

La autora propone el armado de un plano “bagua.” Es un mapa energético creado por los antiguos maestros del Feng Shui. Se trata de tomar el plano de la casa completo y encerrarlo en una figura geométrica que puede ser un rectángulo o cuadrado. Sobre ese dibujo con una brújula se identifican los puntos cardinales y los ocho triagramas que indican cualidades las energéticas de dichos puntos: prosperidad, relaciones, trascendencia, creatividad, conocimiento, profesión, familia y benefactores.
Una vez identificados estas áreas símbolo del Feng Shui se observan su estado: paredes frágiles, puertas que se traban, caños que pierden o se tapan, lamparitas o enchufes que no funcionan. Estas características también simbolizan la falta energía y la necesidad de “acuerdos de reparación” en aquellos espacios que lo necesitan.
Dentro de esta modalidad de autoconocimiento que ofrecen el Feng Shui y la biodecodificación ambiental, las reformas y la decoración expresan la necesidad de un cambio interior que se proyecta en el exterior. Dos pasos guían el proceso: hacer orden y “activar” una simbología “positiva”.
“Antes de ponerme a trabajar en un tema complejo de investigación, necesito ordenar el escritorio y que cada elemento que no pertenece encuentre su lugar de guardado. En ese orden aprovecho para tirar… desde tickets del supermercado hasta un papel de caramelo. Eso me da tranquilidad mental,” explica Tamara (36) investigadora del Conicet. “Por eso, re adopté los Métodos de Mery Kondo en mi casa y me estoy atenta a las “señales” del ambiente sobre mis emociones.”
El desorden suele ser el signo más evidente de identificar, y suele impactar como síntoma en muchos aspectos, puede afectar la concreción de tareas y la vitalidad.
Al igual que el desorden, la acumulación de objetos se asocia a la energía que no puede fluir, que encuentra obstáculos y la imposibilidad del ingreso de lo nuevo deseado. Ropa, electrodomésticos, revistas, adornos, muebles en desuso, incluso en cantidad, dificulta la buena organización de las necesidades de los individuos en la casa.
Realizar los arreglos pertinentes para evitar goteras, pérdidas, humedades o roturas, “armonizaciones”, cambios de cuadros, objetos y colores donde fuera necesario. “De esta manera le damos al inconsciente una nueva información que se hace tangible y afirma el deseo de estar mejor”, explica Patricia.
Las fruteras son símbolo de prosperidad, lo mismo las monedas chinas que se colocan donde deseemos reforzar nuestra abundancia. El elefante es signo de sabiduría y fertilidad, Wu Lou es una calabaza amuleto en cuestiones de salud. El área de la pareja, por ejemplo, se activa con objetos de a dos: dos velas, dos cuarzos rosados, por ejemplo.
Los espacios nos reflejan, pero también podemos influir en ellos. A través de la búsqueda de armonía el Feng Shui propone materializar necesidades y deseos a través de símbolos tangibles que nos los recuerden.