
Bienestar
Te damos una guía de ejercicios para lograr un cuerpo más ágil y una vida más equilibrada. ¡Namaste!
Si nunca practicaste yoga, el verano es un excelente momento para empezar: el calor ayuda a relajar los músculos y ganar flexibilidad, siempre con precauciones y movimientos suaves. Lo importante es abordar esta aventura con una "mente de principiante": abierta, curiosa y libre de expectativas.
Antes de sumergirte en las prácticas, priorizá la seguridad. Buscá un profesional con años de enseñanza certificada, idealmente con formación en biomecánica y el funcionamiento del organismo humano, conocimiento actualizado y respaldo en evidencia científica.
Un buen instructor no solo te guiará en las posturas correctas para evitar lesiones, sino que adaptará la clase a tu nivel principiante, explicando cómo cada movimiento respeta la anatomía y fisiología del cuerpo.
En verano, optá por clases en espacios ventilados o al aire libre, como parques o terrazas sombreadas, para aprovechar la brisa natural.
Recordá hidratarte bien antes, durante y después. Evitá practicar en las horas más calurosas (mediodía); elegí el amanecer o el atardecer para una experiencia más placentera.
Comenzá con sesiones cortas de 10-20 minutos, 3-4 veces por semana, para construir hábitos sin abrumarte. Movete de manera consciente y lenta, especialmente si hace mucho calor. No fuerces el cuerpo, respirá profundo y abró los laterales del torso, las caderas y los hombros para crear amplitud y descomprimir las articulaciones.

1. Respiración consciente completa (Pranayama Básico): Sentate cómodamente con la espalda recta, cerrá los ojos y enfocate en tu aliento. Inhalá profundamente por la nariz durante 4 segundos, retené el aire con pulmones llenos otros 4 segundos, exhalá lentamente y retené con pulmones vacíos otros 4 segundos. Repetí 5-10 ciclos. Esta técnica, conocida como "respiración cuadrada", calma la mente, reduce el estrés y ayuda a regular la temperatura corporal en días calurosos.
2. Postura de la montaña (Tadasana): Parate con los pies juntos o ligeramente separados para mayor estabilidad. Imaginá que una cuerda invisible te estira suavemente desde la coronilla hacia arriba, alargando la columna. Mantente 30-60 segundos, respirando profundo. Esta postura básica te ayuda a ganar conciencia de tu alineación corporal. En verano, practicala descalza sobre la hierba para sentir más conexión con la tierra.
3. Postura del niño (Balasana): Arrodillate en la esterilla, juntá los dedos gordos de los pies y separá las rodillas al ancho de las caderas. Sentate sobre los talones, estirá los brazos hacia adelante y dejá caer el torso entre los muslos. Descansa aquí 1-2 minutos. Es una postura restaurativa que libera tensión en la espalda y refresca la mente en días de calor.
Fuente: Licenciada Florencia Faiatt, creadora de www.myyogaflower.com.