Proteger la piel del fotodaño debe convertirse en un gesto cotidiano, valioso no solo en temporada estival sino también a lo largo del año
Cuidarnos del sol no solo es una cuestión de estética, sino también de salud y bienestar integral. Sabemos que los rayos ultravioleta (UV) pueden provocar problemas cutáneos, como cáncer de piel, envejecimiento prematuro y quemaduras solares.
Sin embargo, con las medidas de protección solar adecuadas, estos problemas se pueden evitar. Solo es preciso tomar conciencia, tener en cuenta algunos recaudos y adoptar diferentes acciones para el cuidado.
- Aplicar de forma correcta los protectores solares. Para que el producto cumpla su función de manera adecuada, conviene distribuir una cantidad generosa sobre la piel seca, incluyendo rostro, nuca, orejas, zonas expuestas del cuero cabelludo y el resto del cuerpo, al menos media hora antes de la exposición solar. Se recomienda reaplicarlo cada dos horas y tras baños extensos o episodios de sudor, incluso cuando la etiqueta indique que son resistentes al agua.
- El sol daña en todos los escenarios. No solo hay que cuidarse en la playa o en la pileta. “La radiación ultravioleta tiene dos tipos, los rayos UVA y los UVB. Los primeros tienen una mayor cantidad de onda, son capaces de atravesar las nubes, cristales y textiles, a lo que habría que sumarle la radiación que se refleja en la arena.
- Por eso es importante usar fotoprotección todos los días, también cuando está nublado y hasta debajo de la sombrilla”, aclara el Servicio de Dermatología del Hospital Italiano.
- Leer las bien etiquetas. Es fundamental que el fotoprotector seleccionado sea de “amplio espectro” (para que cubra no solo de los rayos UVB, sino también de los UVA). Los UVB se asocian principalmente con quemaduras solares y riesgo de cáncer de piel, mientras que los UVA influyen directamente en los procesos de fotoenvejecimiento (arrugas y manchas).
- Cuidar los ojos. Usar anteojos con filtro 100 % UV ayuda a prevenir daños oculares, sobre todo en lugares con superficies que reflejan la luz. Es útil saber que el color del cristal no determina el nivel de protección: un lente oscuro no garantiza mayor resguardo frente a los rayos ultravioleta.
- Buscar siempre la sombra. Se aconseja no exponerse directamente al sol durante las horas de mayor intensidad, entre las 10 y las 16. Siempre que sea posible, conviene organizar las actividades al aire libre en momentos de menor radiación, como a primera hora de la mañana o al final de la tarde.
- Usar ropa protectora. Una de las primeras pautas de protección contra las quemaduras solares es cubrir la piel con prendas holgadas, blancas o muy claras; pero, ¿qué hacemos en la playa? Lo mismo. Se puede optar por trajes de baño de dos piezas, pero con shorts y remeras de manga larga (en materiales que tengan incorporado factor de protección solar FPS 50+).
- Comprometerse todo el año. La protección de la piel no se limita al verano: forma parte de un cuidado constante. Aunque las temperaturas desciendan o el cielo se mantenga nublado, la radiación ultravioleta continúa presente y puede generar daños acumulativos en la piel. Hay que dejar de pensar en el fotoprotector como un producto estacional e incorporarlo como parte esencial de la rutina diaria de cuidado.