
En Costa Esmeralda
Una casa de playa en Costa Esmeralda pensada para vivir en contacto directo con la naturaleza, disfrutar de la clidez interior y escribir nuevas historias de vacaciones entre madre e hija.
"Lo más lindo de las casas de vacaciones es que son lugares donde nacen recuerdos que se atesoran para siempre", afirma Matty Costa Paz, consagrada interiorista que encaró este proyecto en Costa Esmeralda con la mirada puesta en el valor de la emociones y los momentos compartidos para que una madre y su hija pudieran vivir veranos y escapadas inolvidables.
El punto de partida era más que prometedor ya que la casa está inmersa en un bosque, a metros de la playa. El objetivo, entonces, fue diluir los límites para que interior y exterior se percibieran como un único y gran espacio en el que se desarrolla la vida cotidiana, suavizando la contundencia del hormigón y la doble altura.
Para lograr la atmósfera de un refugio perfecto para el descanso y el relax, la interiorista generó un clima cálido con una paleta de tonos neutros, ocre, suela, blanco (infaltable) y toques precisos de colores vibrantes que le dan identidad a cada rincón.

En el living, los sillones enfrentados forman un semicírculo que invita a la charla o a contemplar el bosque sin interferencias, razón por la cual se decidió no instalar cortinas en el área social. El espacio se complementa con una obra de la artista Catalina Ruiz, un conjunto de mesas ratones y una gran alfombra de yute.

El perchero escultural hecho de madera y fibras naturales define el espacio del recibidor y modera la imponencia de la doble altura.

Uno de los pilares del proyecto fue emplear recursos amigables con el medioambiente. Lo muebles se fabricaron en la zona y con maderas certificadas, es decir, que provienen de bosques gestionados de manera responsable.

La cocina cuenta con una barra súper práctica para desayunas o hacer comidas rápidas antes o después de la playa. La cuota de diseño la aporta el trío de lámparas colgantes inspiradas en las reaciones de Tom Dixon.

En el dormitorio principal, sobre una base neutra, los detalles en tonos ocre, mostaza y un energético naranja le dan un aire femenino. Los almohadones traídos de Londres evocan las estampas de la casa francesa Hermès.

La vista al mar se vuelve una postal cotidiana desde la terraza del cuarto principal.

El cuarto de la niña está inspirado en el cuento Ricitos de Oro. Las cortinas de lino, las alfombras, los almohadones y los ditintos tipos de géneros cumplen la función de brindar un clima acogedor.

Los textiles de estampas brillantes, en un actualísimo verde celadón, le dan vida al cuarto de huéspedes.