
Salud
Conocé las seis señales para detectar si el estrés está guiando tu alimentación.
¿Cómo diferenciar el hambre de la ansiedad? Este hábito puede generar trastornos digestivos y metabólicos. La nutricionista Agustina Murcho, especialista en trastornos alimentarios y magister en psicoinmunoneuroendocrinología asegura que "en el ritmo acelerado de la vida moderna, muchas veces comemos sin preguntarnos por qué lo hacemos".
¿Es hambre real o estamos buscando calmar algo más profundo? "El estrés, el cansancio y las emociones no expresadas pueden convertirse en grandes detonantes de lo que se conoce como hambre emocional, un tipo de alimentación que no responde a las necesidades físicas del cuerpo, sino a la necesidad de regular lo que sentimos", puntualiza Murcho.
Identificar este tipo de patrones es el primer paso para poder cambiarlos y construir una relación más saludable con la comida y con nosotros mismos. Estas seis señales, según la especialista, pueden ayudarte a detectar si estás comiendo en respuesta al estrés o las emociones:
Ya no sentís apetito, pero seguís comiendo. Tal vez algo en vos necesita calmarse, aunque claramente no es el estómago. Puede ser ansiedad, angustia o incluso una sensación de vacío.
Este tipo de alimentación suele aparecer cuando "bajás la guardia": al volver del trabajo, durante el fin de semana, o cuando estás solo o sola y buscás una forma de relajarte. La comida se convierte en una válvula de escape.
A veces la emoción no se reconoce con claridad. Puede ser aburrimiento, enojo, frustración, o una mezcla de todo. En lugar de conectar con lo que sentimos, lo tapamos con comida.
La comida no resolvió el problema original, y además dejó una sensación de culpa, bronca o frustración. Esa mezcla incómoda hace que todo parezca aún más difícil de manejar.
No es hambre real ni un antojo puntual: es una necesidad emocional. Aprendiste que algo dulce, salado o crocante podía traerte consuelo, y ese aprendizaje se activa en momentos de estrés.
Cuando la comida se convierte en un recurso emocional, no importa cuánto razonamiento apliques: no se trata de fuerza de voluntad, sino de una dinámica emocional más profunda que necesita ser atendida con compasión y acompañamiento.

Primero, no te juzgues. "El hambre emocional no es un error ni una falla: es una forma de adaptación. El objetivo no es eliminarlo por completo, sino entenderlo para poder empezar a responder de otra manera", destaca la nutricionista.
Y refleja que "si te sentís identificado con estas señales, es fundamental que busques acompañamiento profesional. Un enfoque integral, que incluya tanto el trabajo con una nutricionista como con un profesional de la salud mental, puede ayudarte a entender tu vínculo con la comida, reconocer tus necesidades reales y encontrar herramientas para gestionarlas de forma más saludable. Cuidar tu salud no es solo lo que comés, sino también cómo y por qué lo hacés".