
Bienestar
La tendencia nació en TikTok y se extendió rápidamente entre la generación z, que adoptó el bed rotting (‘pudrirse en la cama’) como parte de la rutina de autocuidado. ¿Pero cuál es la diferencia entre desprogramarse por una tarde y el retraimiento social?
El tiempo es un recurso económico. La sociedad ve con buen ojo la cantidad de horas que permanecemos siendo productivos, generando contenido, trabajando en nuestra apariencia, sosteniendo los vínculos y mostrando todo eso en las redes sociales. Es decir, siendo activos. Por favor que nadie vaya a creer que no tenemos nada que mostrar, porque un fin de semana decidimos quedarnos en casa, leyendo, haciendo journaling o mirando series acurrucadas con nuestra manta preferida.
La generación Z o centennial (personas nacidas entre 1995 y 2010 aproximadamente) se siente profundamente afectada por varios fenómenos como el burnt out, el FOMO (fear of missing out, ‘miedo a perderse algo’) y la expectativa de hacer todo y bien, por eso esta tendencia impactó tan fuerte como una necesidad de resguardo y autocuidado ante tanta exigencia real y digital.
A contracorriente de esta productividad distorsionada, surgió este movimiento que le hace una oda a la cama, pero no como lugar de descanso en la noche o para tener sexo, sino de inspiración. Un espacio acogedor, de introspección, donde construir un retiro voluntario de la actividad y el estrés, en el que se pueda meditar, escribir en un diario íntimo, leer o ver por octava vez esa película que a los quince años nos hizo sentir que en el amor todo es posible.
Para algunos, este hábito es una manera de resetearse después de semanas de estrés. Es el caso de Martina, de 28 años, que trabaja en el sector financiero y encuentra en el bed rotting un refugio: “A veces, después de jornadas interminables, lo único que
quiero es tirarme en la cama y no hacer nada. No es que esté triste o desmotivada, simplemente mi cuerpo y mi mente necesitan parar. Para mí es tiempo ganado, mis amigas me cuestionan, pero pocas cosas me dan tanto placer y me reactivan como pasar el domingo sin salir de la cama”.
La palabra japonesa boketto se refiere a la práctica de no hacer nada, simplemente quedarse en silencio contemplando lo que aparezca, sin pensar en algo en particular. El hacer nada es una pausa refrescante para descansar la mente y luego retomar las tareas habituales, más calmados, concentrados y atentos. Jon Kabat-Zinn, el padre del mindfulness, dijo: “El no hacer no implica ser indolente o pasivo, sino todo lo contrario. Se requiere de mucho coraje y mucha energía para desarrollar la capacidad de no hacer, ya sea en un estado de quietud o en actividad”.
Pero en Occidente no es tan sencillo comprender lo que los japones ya descubrieron hace rato: que no solo la mente debe descansar de los estímulos y las motivaciones diarias, sino también el cuerpo necesita reposo, incluso a veces prolongado. “Vivimos en una época donde el cansancio es casi endémico”, explica la psicóloga Florencia Marini. “El bed rotting aparece como una forma de rebelarse contra la exigencia extrema y permitirse un descanso sin culpa”. De hecho, numerosos estudios demostraron que el descanso adecuado es clave para la salud mental y física, y que permitirnos pausas reales puede mejorar nuestra calidad de vida.
Sin embargo, no todos los especialistas ven con buenos ojos esta práctica. “Si bien tomarse un día de descanso es totalmente válido, el problema surge cuando el bed rotting se convierte en un patrón recurrente", advierte el psiquiatra Juan Ignacio Pérez. “Pasar demasiado tiempo en la cama puede estar asociado a síntomas depresivos o a una falta de motivación para afrontar la rutina diaria”.
En este sentido, los expertos sugieren prestar atención a la frecuencia y al contexto. Si “pudrirse en la cama” se convierte en la única manera de afrontar el cansancio o el estrés, puede ser una señal de que algo más profundo está ocurriendo.
Pedro (35 años) cuenta que durante la pandemia por COVID-19 adoptó este hábito como una forma de lidiar con la incertidumbre. “Al principio me hacía bien, pero después me di cuenta de que cada vez tenía menos ganas de salir, de hacer ejercicio o incluso de ver amigos. Era como si la cama me absorbiera. Sentí que me subía la ansiedad, que me volvía menos funcional, entonces busqué la manera de dar marcha atrás”. Después de recurrir a su psicólogo, identificó que las muchas horas que pasaba en la cama eran un signo de depresión, porque en lugar de aprovechar ese tiempo para leer, mirar TV, pintar o escribir, dormía la mayor parte del día y con las cortinas cerradas.
No es nueva la asociación de la depresión con la cama. Incluso existe un término en salud mental para hacer referencia a las personas que tienen la tendencia excesiva a permanecer acostadas, muchas veces sin ganas o fuerza para realizar cualquier otra actividad: clinofilia o clinomanía. En muchos casos, cuando alguien padece este trastorno mental, también se siente triste, descuida las relaciones sociales, está desmotivado y suele experimental problemas familiares o laborales.
Otras de las consecuencias del bed rotting sin ningún tipo de propósito y control son el desorden, el sedentarismo, la falta de higiene, la mala alimentación, la alteración del ciclo normal de sueño y la aparición de dolores en el cuerpo, como en la espalda o las piernas.

La cama también puede ser un espacio para la imaginación y la creatividad. Escritores como Virginia Woolf o Marcel Proust encontraban en sus camas el rincón perfecto para crear. El genio francés, autor de En busca del tiempo perdido, escribía con una bolsa de agua caliente en los pies y muchas plumas, porque si alguna se le caía, agarraba otra, nunca se bajaba de la cama.
Leonardo da Vinci dejó registrado en su Cuaderno de notas: “He experimentado que es de grandísima utilidad, estando en la cama a oscuras, reparar y considerar con la imaginación los contornos de las formas que se estudiaron u otras cosas de especulación delicada”. Winston Churchill dictaba cartas, manejaba papeles oficiales y gobernaba Inglaterra desde la cama. Y Frida Khalo, que pasó gran parte de su vida en la cama porque a los seis años tuvo poliomielitis y a los diecinueve un tranvía la atropelló y le rompió la columna vertebral, escribió: “Nunca pensé en la pintura hasta que tuve que guardar cama a causa de un accidente automovilístico. Me aburría muchísimo en la cama (…) y decidí hacer algo”.
En TikTok existen infinidad de cuentas que muestran los rotting days de mujeres jóvenes, en hermosas habitaciones con tonos gris, beige o blanco, cubiertas por mantas XXL de punto grueso, que aseguran que estas jornadas les sirven para cuidarse a sí mismas y recargar energía. Incluso algunas venden todos esos productos perfectos que aseguran un bed rotting ideal. Pero como todo lo que brilla en las redes está lejos de ser de oro, lo importante es encontrar el equilibrio: descansar sin culpa por un tiempo prolongado pero voluntario, sin que el descanso se convierta en un obstáculo para disfrutar la vida más allá de la cama.