
Bienestar
Si tus buenos propósitos nunca han durado más de unas semanas, quizá no sea culpa tuya. Según un coach de desarrollo personal, todo depende de la forma de pensar y de plantear los objetivos.
Cada comienzo de año, hacemos una larga lista de objetivos y de buenas intenciones... que a menudo se evaporan antes de que termine enero. ¿La causa? No es la falta de voluntad, sino un método inadecuado.
Según Jay Shetty, con demasiada frecuencia intentamos cambiarlo todo de golpe. Este ex monje que vivió casi tres años en un monasterio hindú, desarrolló una visión del bienestar basada en la progresividad, la disciplina suave y el equilibrio.
En la actualidad, como autor y conferencista, comparte sus enseñanzas en su podcast «On Purpose with Jay Shetty». Su conclusión es clara: el problema no son las metas, sino la forma en que intentamos alcanzarlas.
Una vez fijado el objetivo, la verdadera pregunta no es qué hacer, sino qué aprender. ¿Qué habilidades hay que desarrollar? ¿Qué hábitos hay que ajustar? ¿Qué obstáculos hay que superar? Querer cambiar las cosas sin identificar el camino rara vez lleva lejos. Según el profesional, una resolución funciona mejor cuando va acompañada de un verdadero trabajo de aprendizaje, concreto y progresivo.
Si a menudo fracasamos, se debe también a que aceptamos con demasiada facilidad lo que nos aleja de nuestras prioridades. De ahí la importancia de decidir de antemano qué es negociable y qué no lo es. Reservar un hueco para hacer deporte, rechazar ciertas invitaciones, proteger nuestro tiempo: estas sencillas reglas evitan la confusión y refuerzan los objetivos.
Un objetivo solo es alcanzable si se divide en etapas muy precisas. No se trata de una intención vaga, sino de una serie de acciones concretas que se pueden llevar a cabo de inmediato. ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Con quién? ¿Por qué? Cuanto más detallado sea el plan, más fácil será seguirlo. Y, sobre todo, más ganas dará de ponerse manos a la obra.